miércoles, agosto 28

Inefable

Mientras más grande es la pena... más cargado es el ron

No es el frío
el que me hace acordarme de ti,
y viceversa,
ya no sé
si es por ti por quien tirito
o si acaso es el recuerdo
de tu boca
lo más parecido al deshielo
que he sufrido
-mi boca está llena de cenizas
desde que no te beso-,
ya sabes que tú fuiste todo lo que venía después
de aquello que aun no había llegado,
una especie de tristeza lejana
que habitaba al otro lado
y que elegí frente a todas las sonrisas
-o quizá me eligió ella a mí-,
un carnaval de verbos
en distintos idiomas,
pero nuestra gracia era esa:
no coincidir
para que querernos fuera aun más arriesgado,
imposible,
y que así el éxito compensara las derrotas,
es decir,
todas las noches que no te besé.

Ahora se cuela una luz por mi cortina
que no acompaña a tu piel
y se traspapela con un puñado de bostezos que lo único que tienen de ti es el sueño que les robas,
y yo me escapo de esa batalla
y pienso que lo único que me faltó por hacer fue besarte por dentro
-me sobran las excusas
cuando se trata de tenerte cerca-,
besarte después de desayunar
para que se quedara en mi nariz
el olor a café de tu lengua,
llorar juntos por algún sinmotivo
para llevar la contraria a todos aquellos que rechazan las lágrimas
y después bailar,
una última vez,
un último baile,
leerte algún poema para dormirte
y escribirlo cuando lo hagas,
bajar al infierno los domingos
y gritarles a todos que la risa
también es romanticismo
y prometerte en bajito
con la espalda llena de balazos
que esta noche irá sin cargos.

Enseñarte el sonido de nuestros nombres 
una tarde cualquiera en una calle cualquiera
de una ciudad cualquiera
y que les den a los mortales,
llevarte alguna noche a casa
abrazada por la espalda
y darte por fin la paz que tanto clamas
y contra la que tanto luchas.

A veces pienso que lo que me faltó
fue declararte la guerra,
contemplar cómo te manejas con la ropa puesta
y el corazón desnudo,
retarte
en vez de salvarte,
reclamarte y exigirte cuentas,
pedirte que te quedaras
y morderte las dudas.
Tirarte por mis precipicios,
como tú,
y cogerte de la mano
pero solo al final.

Pero siempre
antepuse tu paz a todos los peros.

Ya sabes,
creo que el problema reside
en que no pienso en ti
sino en mí contigo,
y eso, pensar en algo imposible,
es como pretender olvidar
algo que no existe.




si existe una mínima posibilidad, prometo darte todo y nunca fallarte.



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