Ya sabes tú como son este tipo de cosas, los pensamientos repentinos, quiero decir, y la urgencia de escribir cuando no te asomas a mi ventana. De repente extrañarte se vuelve una sensación extraña en la piel, que reclama tu ausencia, reclama la sensación de gritar con todas sus fuerzas las ganas por ser besada otra vez. Y cuando asomo a la calle, le doy forma a las nubes de tu silueta, ahí sin dudas y diciéndome que todo seguirá siendo mucho más que un sueño, asegurándome, y yo extrañado, que lo que sientes es lo mismo que yo. Pero uno tiene sus manías y a veces estas se escapan para hacer un festín; recorren la memoria, los ojos y los dedos que débiles, escriben que se han enamorado como nunca, que se han enamorado por primera vez de una sensación desconocida, porqué es cierto, nada que venga en los viejos libros de la conciencia y nada que reconozcan las antiguas heridas en la piel, las cicatrices de ganas perdidas y amores ausentes, todavía remojados en sueños hechos papel, inertes ante las nuevas luces que asoman por el vecindario, y estos labios, atónitos, simplemente se inundan de ganas para juguetear con los tuyos y a manera de complot le avisa al estómago que se ponga cursi, que interrumpa el momento y despierte al corazón que late apresurado regalando sangre nueva a este zombie. Y era así, como de repente, me perdía en tus ojos para decir que te quería y dejaba de lado la pasión, los sudores, los gritos. De repente me hallaba acariciándote despacio y nomás, mirándome para siempre en unos ojos en los que no había estado nunca, y que hoy, se llenan también de mí y no saben zozobrar ni con las tormentas que azotaban afuera de aquel cuartito a esta ciudad, y sus subidas, y sus bajadas, y sus barrancas quedaban quietas mientras nosotros nos perdíamos en besos, mientras nos encontrábamos para descifrarnos los tatuajes en la piel, a manera de dedos locos jugando carreritas de amor. Ya sabes cómo son este tipo de cosas. Es de madrugada y me asomo de mi escaparate imaginando que te veo venir, calle arriba, despacio con aquella falda y descalza como si nadaras por mi espalda, y los dos, que no sabemos dormir de día, extrañados disfrutamos buscando donde desayunar cuando todos los demás siguen ausentes de este sueño, de esta extraña droga que me ha vuelto un adicto a ti, de los pasos que vienen marchando delante de nosotros y dibujan nuestras figuras a un futuro que de plano, cada tarde, nos atrevemos a imaginar. Todos los dibujos que coloreen nuestras ganas, las risas que nos arrebatemos compartiendo el mismo insomnio, son la esencia que se cuelga de mi cuello cada mañana. Aunque a veces, insisto, te repito varias veces y lo demuestro de distintas formas que me he enamorado de ti, tengo muchas ganas de tomarte por la cintura y llevarte a aquellos viejos puertos donde los Elfos se trepan a naves blancas de mar, y se largan para siempre de este mundo donde la gente ya no sueña, y los sueños, empolvados y en cajitas, se han cansado de esperar.
viernes, agosto 2
lunes, julio 8
Aún te recuerdo
Este dolorcillo,
en la panza,
quisiera que acabara de explotarme,
quisiera que me matara de una vez.
Hay días así, desde que te levantas, recuerdas el aroma de una noche… suspiras… bajas el pie derecho y recuerdas sus labios…. y suspiras… te pones los zapatos negros y recuerdas sus pies, su cuerpo de ángel con la risa que te hacía temblar…. suspiras… te pones la camisa porque ya se hace tarde, pero piensas en su cabello largo y negro… echas la espalda atrás y le das otro minuto al pensamiento aquel… suspiras… y al fin te pones de pie, hay que ponerse el pantalón, y de reojo miras su espalda y sus lunares, e imaginas esa sensación de su beso tibio que no te dejo dormir… recuerdas la sensación de medio segundo en que la somnolencia se esfumó y aunque querías voltear y regresar los besos, con ganas de dejar que aquel beso durara más, hasta donde quisiera antes de volver y enredarla con tus brazos… suspiras… ya te vestiste y te miras al espejo, solo, con tu nuevo corte de cabello, y pensando en cómo se veía aquella vez en el cine, su risa primera, sus ojos vistos por primera vez, el primer beso que nadie sabe quién lo dio… suspiras y piensas que ahí ya estabas enamorado, darías la vida por ese momento otra vez, por vivir otra vez los meses que se van volando… andas al trabajo y prendes la música, y suenan voces que te unieron a su perfume bajo el cielo de un sol quemante... suspiras... por que el cielo se ve igual hoy, pero sin la sombra de ella al lado, diminuta, leve y perfecta dibujando su cintura en aquella banca de aquella plaza en donde nos gustaba conversar, en su andar sencillo y los labios rojos porque si, por que esperaban que los volvieras a besar… otro suspiro mientras una punzada te ataca el lado izquierdo del abdomen… el ombligo se ríe y las piernas piden a gritos un recuerdo también para ellas… claro... suspiras… y piensas en todas las caminatas que tuvimos juntos, riéndonos y cantando canciones desafinadas… el temblor y la emoción de ser besado por una diosa que huyó del mar… el suspiro que sigue se acompaña de los ojos cerrados… se detiene el tiempo, el mundo deja de girar y te elevas al momento aquel cuando la conociste por primera vez, cuando la viste bailar y la luz del local la hacía ver más hermosa… un suspiro interrumpe la imagen… el dolor en el estómago dice que despiertes… el recuerdo flota sin vacilar encima de todo el resto, y te abrazas al vacío en medio camino, buscas su olor, sus besos bajo la luz roja del semáforo, y te quedas parado y vacilante, suspirante y frenético, en pausa, en víspera de un suspiro más que te regrese en el tiempo, e hincado, retomes los segundos antes de olvidarlo todo y seguir adelante.
Este dolorcillo,
en la panza,
quisiera que acabara de explotarme,
quisiera que explotara en forma de tu boca,
quisiera que explotara para siempre este corazón.
viernes, junio 21
Hoy casi todo ha salido mal
Me fui de paseo sentado en una pequeña hoja, con el viento llevándome de lado a veces y a veces rozando los techos de las casas altas de la ciudad, es curioso ir viendo la cáscara del mundo de arriba hacia abajo, ver que la vida cambia de maneras que uno quisiera no haber imaginado, que los ojos se empeñan por necios y que las paredes se cierran al paso de el más leve suspiro de la luz.
Todo ha cambiado, todo se ha ido, todo ya no es. Tengo la sensación de estar en una pesadilla extraña, donde el amor de mi vida me cierra la puerta y donde las caras y voces que más extraño son ruidos al final de una escalera que me observa caer y caer y lo único que acierta a decir es: cuidado, faltan varios escalones más...
Tuve una visita que me alegra el día, blanca espuma, risa de sol: gracias.
martes, mayo 28
Princesa I
Había una vez un yo que suspiraba con tardes de lluvia y le gustaba ver principios de películas, solo el principio si, la única vez que aquel yo intentó un romántico final de película en la vida real, se halló corriendo solo bajo la lluvia de sus lágrimas, confundido con la noche y con una puerta (y un corazón) que se le habían cerrado para siempre; era, sin embargo, el final de la primera parte, el de la segunda fue peor. Había una vez un yo que le platicaba al gato sus tristezas, que renegaba de lo largo de un blues y que bailaba un vals con las losetas del baño cada que se dejaban acariciar por sus pies, y que muy de mañana, le soplaba a las nubes en la ventana para dibujarse la mañana ideal, aunque, casi siempre, el vidrio evitaba el contacto con seres de algodón. Había una vez un yo que un día se asomó a unas escaleras por donde una princesa caminaba con una sombrillita de colores, iba y venía y se sentaba a esperar, siempre a esperar y el mundo que era blanco y negro le robaba los colores, y a la princesa, le llovía debajo del paraguas, y al yo, los pies lo llevaban a asomarse por las escaleras y esperar, a ver, sin saber, que por ahí, pasaban aquellas alitas rotas que regaban luz por todas partes, hasta que un día, con una sonrisa, el yo se hizo ayer, y aparecí yo, vestido de hoy, aprendiendo que la vida si es a veces de color de rosa, sobre todo, cuando un pueblo quieto-quieto deja escapar a una princesa triste-triste, que se asoma a la ventana que ella dibujó, y con sus alas (aún rotas), abraza lo feo, lo tira lejos, y en su lugar, exige galletitas con leche, para volver, cualquier noche de estas, a estirar las manos y ponerse la sombrillita de lado, y curioso, que acá, desde entonces, haya dejado de arreciar el temporal.
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viernes, mayo 24
El Gato
Hay un gato feo que me visita cada noche, pero nunca logro verle la cara, oigo sus pasos siempre que hay lluvia y la noche esta en silencio, camina por el techo, y lo imagino ahí mojado, vigilando la noche, con los bigotes escurridos, casi muerto de hambre pero determinado a no dejar que nadie más tome su lugar en el techo. Estoy seguro que siempre llega solo el gato feo, por que se le nota en los maullidos, llora con ganas de llorar, luego se deja caer, a ver las estrellas, y a imaginar figuras con sus uñas. Si pongo música se queda más rato el gato feo, aunque últimamente creo que le aburre el jazz, a mi también, por que cada vez lo pongo menos, y luego le subo al blues y lo escucho reír, mover la cola alegremente y disponerse a regresar a donde sea que viva, me doy cuenta que se va ya cuando brinca al patio del vecino, luego, se enfila a la barranca y ya no lo escucho, pero a veces, sus maullidos siguen y siguen casi hasta que amanece, ronco, donde sea que pase el día, seguro se le va en dormir. Al rato viene el gato feo, seguro hoy maullará más fuerte, por que también yo traigo ganas de gritar, de reír, y de rasguñar la noche con estas ganas.
¿Qué como sé que el gato es feo? no lo sé, lo imagino, por que a veces, les digo, no para de llorar.
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días
martes, abril 2
Que ganas...
Que ganas de ir y tomarte a besos, escuchar tu risa y poner mi mano en tu cintura (que misteriosamente encaja perfectamente), romper el viento como un maullido de gatos haciendo el amor.
lunes, abril 1
Música y soledad interrumpida
Este fue un largo fin de semana, festejando con el viento al lado, y con la música llenando los oídos a cada momento, algunos reencuentros, algunas nostalgias y una que otra sonrisa amarga. A fin de cuentas todo salió bien, mejor de lo que se esperaba.
Ahora si me he puesto a actualizar el blog y corregir algunas cosas, lunes de madrugada, pero aún queda tiempo para juguetear con la virtualidad, la semana será difícil, de tormentas, o quien sabe, quizá cambie el rumbo de esas nubes, como sea, voy de frente, a dar la cara a la lluvia... y por primera vez, me agrada.
Ver su sonrisa siempre valdrá la pena... lo demás... es lo de menos.
miércoles, marzo 27
Hay
Hay días que de plano no se puede, tu imagen es demasiado, tu voz es más.
Hay días que de plano camino en línea recta sin saber a donde, sin saber por qué lo hago y sin saber a dónde carajos iré a parar, esos son los días que me empeño en recordar tu luz, en memorizar ese rostro con la sonrisa mas bonita que había visto, en olvidar el camino de regreso por la pista, caminando siempre, con una mueca extraña y con los limpialágrimas activados al máximo.
Hay veces que me esmero demasiado, en entender, lo que no se puede entender, por qué abrazarme solo ya resulta aburrido, cansado, patético y sobre todo, desgarrante, cada vez peor, si, cada vez es peor.
Hay veces que apenas acabo de escribir algo y ya lo estoy borrando, como hoy, estas letras no van a existir, van a borrarse, y vendrán otras que digan lo mismo, que digan lo peor, que sigan.
viernes, marzo 22
Como una luna llena
Insistente musa alada,
rondando mis sueños,
con sus lunares formando constelaciones
y las manos tratando de dibujarlas,
vuela ligera por la habitación,
insistente musa,
planeando sobre libros y rozando con las alas las paredes,
me pide que haga caso y voltee a verla,
¿cómo no hacerlo?
si su estela se quema en mis pupilas
y su polvo de hada me provoca estornudos,
que se embarran en la pantalla y se convierten,
entre espasmos,
en letras tontas y mal logradas.
Le echo la culpa a la musa que insiste en acariciar mis manos y con la risa y un beso, pedirme que le escriba, otra vez, una vez más.
rondando mis sueños,
con sus lunares formando constelaciones
y las manos tratando de dibujarlas,
vuela ligera por la habitación,
insistente musa,
planeando sobre libros y rozando con las alas las paredes,
me pide que haga caso y voltee a verla,
¿cómo no hacerlo?
si su estela se quema en mis pupilas
y su polvo de hada me provoca estornudos,
que se embarran en la pantalla y se convierten,
entre espasmos,
en letras tontas y mal logradas.
Le echo la culpa a la musa que insiste en acariciar mis manos y con la risa y un beso, pedirme que le escriba, otra vez, una vez más.
miércoles, marzo 13
Tu Cuerpo
Es tu culpa el antojo de cualquier hombre por recorrerte todita simulando pequeños pasos con las puntas de los dedos de la mano derecha, ya sabes, para reconocer de que se trata la sencillez de tu perfección, de tu sonrisa y de tus ojos cerrados soñando con el mar; ya luego viene todo aquel asunto de un par de lenguas que se pierden en distintos bosques, se trata de soñar, ¿sabes?, se trata de nada más reconquistar un cuerpo ceñido al cielo, a la noche que dibuja tu piel llena de estrellas, de relatarte una historia donde tus ojos son el poema con que empieza algún cuento, y cierto orgasmo, como salido de las hojas de algún libro de sol, es la pauta por la que suena aquella sinfonía de un antojo por ser un pedacito de tu piel, que baile y cante arrebatándole el lugar a otros, a todos, a ti.
