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martes, diciembre 15

¿Te has ido?

Era miércoles, en el final de los tiempos, cuando él miró el reloj y asustado sintió todo el terror del mundo sobre sus hombros. Le retumbaba en la cabeza la voz del espejo maligno, le cosquilleaban las nimiedades del mundo, las paredes cuchicheantes y el todo verde de aquel bosque lleno de columpios. Luego vino la estela de las tardes lluviosas, las que nos afectan a todos, las que llenan de melancolía cualquier vaso vacío de fé, y fue la peor catástrofe que se le pudiera ocurrirle al bufón, pudrir el corazón de nuestro protagonista y de formas misteriosas, orillarlo al exilio emocional, a las tazas de café sin azúcar y a las ferias sin rueda de la fortuna donde treparse y morir. Él supo que estaba al borde de su abismo cuando el viento del mar lo amenazó con asomarse otra vez a sus cuatro paredes y ahogarlo, cuando una esquirla terrible, del sol disparado hacia la luz, le hirió el brazo derecho causando uno de esos dolores terribles que anuncian en la televisión, y la cura, vertida en una maraña de monedas, ya no le era suficiente para acabar de pasar garganta abajo toda su estupidez. Miró el cielo y avanzó, despacio, contra las estrellas nocturnas que abarrotaban aquel cementerio de caminantes, sonrió y resbaló colina abajo, llenando el acantilado de risas locas y escarabajos mirones que habían ido a ver el show.

¿Te has ido? - preguntó ella. ¿Te has ido, verdad?. Supe lo mismo cuando vino tu silencio, la muerte lenta, cosquilleándome en el pecho, poquito antes de dormir, una hora antes que tú, en el espejo, derritiéndose mi imagen, el cuarto azul, mis pies, mis manos, mis ojos, mis promesas, mi razón de ser yo.

martes, julio 28

Si un día te vas

Si te vas, quizá me asome a la ventana un poco menos que ahora. Yo sé que estás lejos, pero a veces me da por asomarme e imaginarte andando descalza por mi calle viniendo hacia acá. La imagen que más me gusta es cuando cargas con tu mochila. Llena de besos. Llena de abrazos. Y en el cielo se leen mis ojos gritando tu nombre, cayéndose como avalanchas de luz, toditos para ti. Si te vas quizá me quede aquí. Con los dedos engañados esperando que un día vayan tus manos a volver hacia mí, hacia las caricias que les guardo en mis bolsillos, así pienso, quizá, que si te vas, habrá muchos caminos que recorrer para buscarte, hasta encontrarte, y si no existes, volverte a soñar.

jueves, mayo 21

Sueño de Escaleras

De repente me ha dado por trastabillar en las escaleras, cualesquiera que estas sean, de caracol, esquinadas, eléctricas, de madera, de piedra, todas, toditas hacen una leve finta cuando llegando a ellas y mi pie como que se retuerce al momento de ese primer (y decisivo) escalón, es entonces que me veo forzado a bajar la vista y ordenarle a los pies que anden sin miedo, casi siempre funciona, cuando no, acabo enredado en discusiones tontas con la escalinata, acerca de quien tuvo la culpa y si sus intenciones fueron tan arteras como mi reacción exagerada; aunque casi siempre, ninguno de los dos dé su brazo a torcer.