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sábado, diciembre 10

Tarde Gris

En los ojos el vino y en la sangre una liviana ansiedad por un beso, triste monigote asomado a la noche coqueteando con la luna y su tristeza, su desolación. Imagen fija de caminos azules con lagos grises y escaleras verdes al fondo, ansias añejas que regresan con las maletas vacías y los cuentos amarraditos en un turrón.


"Ella es la Luna"

martes, noviembre 30

Nube

¿Soy nube? Se pregunta un trozo de lluvia que más tarde se precipita, suicida, del azul cielo al verde de la realidad; y mientras cae, el brillo de sus gotas raspa al sol y su capa de mostaza, haciéndole cosquillas que resultan en pequeños tentáculos amarillos acariciando el horizonte; saltarines, los colores se amotinan formando un puente con pequeños señalamientos al azar, para que las gotas no pierdan el camino; escandalosos grillos naranjas llevan marcha rumbo a la sombra protectora de la nube reventada en mil; con prisa y menos miedo, las gotas llegan y se esconden debajo de una alfombra roja y la tierra café atrapada en el amanecer; el rocío y tus ojos brillosos de mañana complementan el dibujo en esta pequeña ilusión de papel.

domingo, noviembre 7

A veces sin querer les digo...

Al sueño que se esconde entre rabos de nube y montañas azules, en un día de esos que uno se atraganta de sentimientos encontrados, recuerdos y visiones del mañana, tu risa todavía suena y los años luz de distancia nomás se asoman igual de burlones que el bufón, aquí dejo todos estas letras (escritas, dibujadas, imaginadas, posteadas, enviadas) que son el separador anidado en el capítulo de dos libros atravesados, aunque fuera por un momento...

domingo, noviembre 22

Fuerza Luna

Yo entiendo, a sabiendas que las peripecias de la luna por no caerse del cielo son cosas de todos los días, que igual seguirá tambaleando sin dormirse en sus laureles para nunca llegarse a caer. Ya bien sabemos lo que pasa cuando una luna se queda dormida. Y es que no es para menos, anoche me despertó el estruendo de la luna que despertó asustadísima por haber tenido una de esas sensaciones de caída repentina que los humanos solemos experimentar, y ahí estaba ella, quieta y solemne, meciéndose los cabellos y dándome la espalda a través de la ventana; yo soñé que ya no soñaba, que era viernes otra vez y estabas aquí de regreso, pero mira, entre la luna que creyó que por fin se caía y yo que desperté soñando que despertaba, ya no pude volver a dormir.

Y heme aquí, con los brazos extendidos, por si a la luna de plano se le rompe el hilo que la sostiene en el cielo desde ayer.

sábado, octubre 3

Donde la espera

Donde la espera, aguardo,
lamentando el silencio,
agraviado sin la lluvia de ti,
nada más,
aguardo debajo de un cielo helado,
por ti.

La muerte no te quita ni te roba... algo deja cuando algo toma.

domingo, agosto 9

Muchos Más

No quiero que se me vaya el día sin dibujarte un millón de besos en el cielo, ¿has notado que el viaje nos parece aún eterno? Y apenas son seis años luz redescubriendo el universo, haciéndonos pasar por cosmonautas sin conocimientos previos de tecnología espacial, y que más da, si puedo estar meses perdido en el espacio entre tus labios y esa cadera, esa cordillera de sensaciones donde a veces sueño que caigo, y despierto con la sonrisa de idiota (la misma de siempre) creyendo que en cualquier momento la señorita Luna me gritará desde una ventana: ¡despierta baboso!, solo fue una broma, y con aspavientos, aullando: ¡que pase la realidaaaaad!, y de la boca negra de aquella puerta, solo salga caminando un día normal, un día sin ti. Pero ya te digo, no quiero que se me vaya el cielo sin alzar la vista a tus ojos y rezar, por más días de nosotros, sillones con películas y calles vacías para caminar y bailar tranquilos. Muchos más.

martes, julio 28

Si un día te vas

Si te vas, quizá me asome a la ventana un poco menos que ahora. Yo sé que estás lejos, pero a veces me da por asomarme e imaginarte andando descalza por mi calle viniendo hacia acá. La imagen que más me gusta es cuando cargas con tu mochila. Llena de besos. Llena de abrazos. Y en el cielo se leen mis ojos gritando tu nombre, cayéndose como avalanchas de luz, toditos para ti. Si te vas quizá me quede aquí. Con los dedos engañados esperando que un día vayan tus manos a volver hacia mí, hacia las caricias que les guardo en mis bolsillos, así pienso, quizá, que si te vas, habrá muchos caminos que recorrer para buscarte, hasta encontrarte, y si no existes, volverte a soñar.

sábado, julio 18

Alebrijes en la cabeza

Todo empezó como siempre, mirando alrededor, nomás para asegurarme que iba despacio, y que el mundo se iba con la finta de que todo le daba vueltas yo; en la cabeza, los alebrijes de siempre dando vuelta y contando los mismos cuentos de siempre para dormir, para que la noche se convierta en estrella de mar y vuelva a rezarle fervorosa al segundo que cuelga de mi fe, con el hilillo mágico que mis ojos idearon para estar atento al tiempo, a la añoranza de ver al mar volver, en sueños ridículos, donde el mundo no está de cabeza y donde amaneces pensando en mí, con tus manos hechos nudos con mis manos, atados al cierzo que nos comemos en copitas de plástico, por calles empedradas, por la orillita donde mi cordura ansía que le presten la llave y escaparse, a donde pueda ser libre y ya no volverse loca pensando en mí, sin ti.

miércoles, junio 3

La distancia

La distancia es aquella daga que se encaja en el alma cuando es de noche. A veces simula ser una lámpara fluorescente que se tiñe de rojo y se enoja con la pared, de tanto mirarla. La distancia es aquella nube que llueve poco, y lo hace cuando uno no quiere nadar. Es un relámpago en un diván consultando al meteorólogo para subsistir, y de tanto en tanto, alumbrar la ciudad con su cruel mal vestir. La distancia es el filo que no corta, pero hiere los ojos cuando uno asoma por el ojo virtual en la ventana, tan solo para verse morir igual que todos los días cuando ya no se atina construir galletas que soporten la gravedad y no mueran de tristeza en algún plato de cristal. La distancia son las últimas lágrimas que se mueren en la almohada. La distancia es la almohada, que se muere sin lágrimas donde alguna vez soñó.


me he hecho el firme propósito de tomar distancia, anteponer un montón de razones para irme ya alejando y decir adiós sin palabras, 
que siempre es el adiós más difícil, el más artero.