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martes, diciembre 15

¿Te has ido?

Era miércoles, en el final de los tiempos, cuando él miró el reloj y asustado sintió todo el terror del mundo sobre sus hombros. Le retumbaba en la cabeza la voz del espejo maligno, le cosquilleaban las nimiedades del mundo, las paredes cuchicheantes y el todo verde de aquel bosque lleno de columpios. Luego vino la estela de las tardes lluviosas, las que nos afectan a todos, las que llenan de melancolía cualquier vaso vacío de fé, y fue la peor catástrofe que se le pudiera ocurrirle al bufón, pudrir el corazón de nuestro protagonista y de formas misteriosas, orillarlo al exilio emocional, a las tazas de café sin azúcar y a las ferias sin rueda de la fortuna donde treparse y morir. Él supo que estaba al borde de su abismo cuando el viento del mar lo amenazó con asomarse otra vez a sus cuatro paredes y ahogarlo, cuando una esquirla terrible, del sol disparado hacia la luz, le hirió el brazo derecho causando uno de esos dolores terribles que anuncian en la televisión, y la cura, vertida en una maraña de monedas, ya no le era suficiente para acabar de pasar garganta abajo toda su estupidez. Miró el cielo y avanzó, despacio, contra las estrellas nocturnas que abarrotaban aquel cementerio de caminantes, sonrió y resbaló colina abajo, llenando el acantilado de risas locas y escarabajos mirones que habían ido a ver el show.

¿Te has ido? - preguntó ella. ¿Te has ido, verdad?. Supe lo mismo cuando vino tu silencio, la muerte lenta, cosquilleándome en el pecho, poquito antes de dormir, una hora antes que tú, en el espejo, derritiéndose mi imagen, el cuarto azul, mis pies, mis manos, mis ojos, mis promesas, mi razón de ser yo.

viernes, junio 19

Escarabajo bajo luz gris

No me preguntes como es que suceden estas cosas. Pasan y ya. Aquel día me prometí mirar al cielo y no dibujar con los dedos tu nombre, eso era cosa de todos los días, enamorarse al primer vistazo en la plaza, la heladería o la entrada al cine. Luego un café, inevitable si se quiere tener una buena conversación y un pasatiempo para evitar silencios incómodos, nada más parecido a una letanía de enamorado perdido en aquel callejón, tomando de la mano a mis miedos para presentarlos de mejor manera a los tuyos, siempre sin dejar de mirar los labios de la luna, todo en un arrebato se vuelve gris, cuando cae del cielo una tonada de ayer, y dice que hay que andarse despacio de nuevo antes que el sol nos convierta a todos en piedra gris, estatua vacilante, sin lugar, sin ganas de salir a reconocer un beso, otro día más. Ando a caminar despacio, bajo una torpe luz gris.

domingo, junio 14

Escarabajo al sur

Se ha ido la fe. Le parecía al escarabajo que miraba de lejos como el camión marchaba a un olvido donde no se le incluía a él. El mundo es cada día más pequeño y resulta que ya nadie habla conmigo, - pensaba – y en el espejo lo acosaba una imagen de si tirado en la cama y muerto de desgano, con mil caminos afuera para devorar, para salirse con la suya y pintarse de mil colores las patas. Se ha ido la luna. Le parecía al escarabajo que caminó despacio rumbo al sur, siguiendo con la mirada una formación en V de patos salvajes que le hablaban de libertad. Algún día, - pensaba – algún día la luna regresará mi fe.

martes, mayo 26

Que habrá sido de ti (09:47 PM)

Tantos sueños apilados como fue posible dentro de una caja de cartón, los libros, sin brazos, clamaban justicia desde el librero mientras los ojos burlones del escarabajo seguían mirando a otra parte, nada que hacer con la sensación de ensueño, la fría capa de ilusiones que hacen alzar los pies en vuelo, inclinaciones por robarse la noche y atragantarse de estrellas sabor a rubí, explosiones tibias de engranes y espaldas que tiemblan al contacto con algún dedo, acurrucado, en el corazón de la montaña y aquel mago que se toma un café para olvidar. Ideas torpes, sin sentido, tanto como estas manos que buscan debajo de tu sonrisa un te quiero para estrujar, para decirle cuanto siento no ser la respuesta a la última página del cuento donde abandono mis idas, ayeres, cucharas de fe para dormir en paz. Y te vas despacio, vestida de flores y suspirando el color de tu belleza, las risas que te erizan la piel son cielo, vacío de mis letras, inspiración de nada que guardo en cuadernitos que nunca abriré, para ya no morir cuando tus labios se alejen otra vez, como anoche, como siempre, desde que nunca te pude tener, desde que nunca te pude querer menos que hoy, y así, tallada de imposible, le bailes a la luna, y te vayas sonriendo, te vayas canción, te desmorones en sueños de lo que no soy.

lunes, mayo 18

Aturdido

Siquiera, creyó que aquella prisión era la vida, y se hundió en sí mismo, mató la música que le salía del pecho y ató sus agujetas a la ventana para evitar que entrara el sol, aquella noche, se soñó lejos donde sus manos valieran algo, para alguien, y se supo libre de si mismo cuando cantó aquella canción para morir, su prisión era la misma desde hacía un año, la misma caja de cartón con orificios que simulaban ventanas, pero se supo viviendo como él quería, siquiera, creyó que aquella bala le arrebataba la vida, aunque solo fuera un grito, tenue, y siguiera soñando, metido en su cárcel de cartón.

viernes, abril 3

Voy a decir sencillamente

Tal cual, estoy que rozan mis pies en la orilla de un precipicio (no tan poético como el de Sabines), pero si tan abismal como el desamor en sí. Sucede que hay etapas en las que uno recuerda y se inmiscuye en atrocidades bíblicas de recuerdos, luego viene la cordura, la calma, pero igual, nunca la paz. Voy a decir sencillamente que hoy no amo, ni quiero, ni soy. Pero si siento, desgarro y vivo de tus mensajes, tu risa, hundirme en tu pelo negro, imaginar el aroma de tu cuello, recordar tu mirada ante mí, abrir los ojos y saberte ahí, darte la mano despacito por la calle, tu risa vibrando lejos, tus pies caminando despacito, tus gritos azorando la noche, el oasis de tu piel, aquella isla donde vives, andar por nuestras calles de césped, nadar en tu mar, las letras perdidas para ti en mis poemas y tus ojos, que de repente se asoman y se acuerdan de cuando no me quisiste querer, pero igual, resultaste enamorada de este sencillo escarabajo azul. Ahora bien, la orilla no es nada resbalosa, pero uno suele hacer cara de malabarista cernido sobre la guía de alambre y hacer como que se cae, como que no se cae, a fin de cuentas, uno quisiera siempre evitarse el porrazo. Ya no estoy tan seguro, sería mejor, más sano y menos cuerdo dejarse caer, olvidarse de cuentas de banco y cheques de amor, pagos por himnos de olvido, canciones lentas de vino y mal humor, y caer tan solo hasta que la pared se sincere con la Luna. Suele suceder que a esta hora, me pienso en tu boca imposible. Tarareo alguna tonada que te agrade y pretendo no estar demente y poderte acariciar. Letra etérea me tumbo en tu vientre y pienso en el porvenir, el librero mudo, polvos de cielo perdiendo la fe, y a la mesa, dios y el diablo de nuevo, preguntándose cuando repartiré la siguiente carta y a quien le daré el favor de perderse en mí, quizá a ninguno, quizá a ambos para terminar frenéticamente en la fiesta de cielo y sol, las alas no secan, los ojos no caen y los pies no resbalan al abismo, que se cansa, también, de esperar que abra los ojos, de una vez por todas y resbale a la nada que de por sí, cada noche invoco antes de irme a dormir. Voy a soñar sencillamente que hoy no extraño, ni pienso ni soy. Pero si escribo, dibujo y vivo de una tarde donde tu espalda era las puertas del cielo, y letra a letra caían los besos más vivos que nunca en aquel cuadernito. Ya casi nada evita que me vuelva loco de imaginarte, ya casi nada evita que te piense, sin existir tú, sin existir nunca yo, en ti.

"¿Qué pasaría?, 
si te digo, que te extraño, como a nadie, 
si me dices en silencio que lo sabes, 
si no nos decimos nada, para qué..."

martes, marzo 10

Imaginando sueños

Esta garganta arde,
estos ojos lloran
esta espera mata
y estos pies quieren caminar más... mucho más.

Voy al bosque, voy al mar, voy a volar encima de las nubes, voy a robarme un par de brillos para hacerme una luna que pueda colgar en mi ventana, verla cuando quiera y besarle los pies cada que me sobren besos, que de tantos que he perdido, no me canso de tantos que todavía tengo que recuperar, para dar.


viernes, febrero 28

Oooh lovely death…

Muy de mañana, salí a la calle a buscar poemas asesinados, y a trazar con gis azul su silueta; pero la sangre no siempre permite delinear como se debe, así que vine y me senté en la montaña a esperar que pasaras por aquí; segundos como días y minutos como eternidades vinieron, se posaron, se volvieron orugas y decidieron emigrar al sur, y en una larga fila dorada mis pensamientos se largaron a hacerse nudo a otro lado, yo me quedé viendo el día pasar y amortiguando mis ganas de hacer volar con pensamientos precarios acerca de vivir en el mar. Me quedo sin ti, me voy a vagar mientras la noche se traga a esta tarde marrón, nadie ha venido a asomarse a esta celda, quizá sea hora de cerrar los ojos y dejar de pensar en ti; si, claro, como si eso fuera fácil, aunque quizá logre dejar de esperarte muerte, quizá al menos logre desenmarañarme de estas ganas y pueda dormir sin despertar como cada día, un poquito más cerca de ti.

lunes, febrero 24

Como te echo de menos

…y fue entonces que divisamos nuestras almas rotas y quisimos pegarlas con pegamento, pero siempre había sido demasiado tarde, incluso antes de empezar a alardear de la eternidad del tiempo cuando se viste de rojo y sale a andar, sin camino fijo, sin atardeceres fijos, sin viento para desayunar. Y no, no me gusta empezar el día con el ala izquierda rota enyesada y dispar. Trataré de servirle un poco más a las aspirinas que luchan con los dolores y su obsesión por hacer bailes de máscaras en mi cerebro. Tengo un dolor que no se quita, y que no se puede operar, pero tampoco debe ser tan malo si nació de mi después de aquel sueño que he querido olvidar con tantos anhelos. A lo mejor es cierto, y un día, como dicen, descansaré de los gritos y los sudores y esconderse para recetarme éxtasis a la hora que los dragones no divisan bien el suelo, ni las flores, ni moribundos aferrados a escribir. Hoy la pluma amaneció boca arriba y jura que tuvo la misma pesadilla que el sombrero cuando acusaron de ladrona a la estrella fugaz, el cuaderno tomó nota y se rió lento aprendiendo a guardar el secreto del escarabajo, insistente, que se quedó dormido en una banca en el parque de las calles de césped y las casas de azúcar y algodón. Nosotros decidimos salir andando aquella tarde, no había rumbo pero tampoco regreso al quien sabe de amanecer con las costillas adoloridas, y la tos, y el asco de exprimir los ojos con los puños solo porque sí, porque así se queja uno menos y se dan cuenta más que es una vida normal, sin sentido, pero normal. No creas que no, trato de olvidarte cada mañana, riguroso rezo a tu imagen para saciarme de ella en una felicidad fingida, fingida nomás. Y metódicamente ando por las paredes, descalzo y vagabundo para quitarme la sed de imaginar tus besos, las ganas de tus besos. Ya tú lo has de saber, cuando despiertas y no estoy, y mañana, sencillamente no estaré ni cerca, ya no, si sabes que siempre has tenido razón, y los poemas acaban tosiendo polvo en los libreros y las arañas acaban tejiendo redes que agarran los pedacitos de amor desperdigados por la acera. Mira, mira las pinturas en la calle, como se arremolinan para caerle bien a la propaganda de tristeza que inunda hoy a la calle, al mes, a la montaña. No sé si te enteraste, el otro día, el periódico salió en las noticias y lo acusaron de ladrón, encabezaba la nota roja un cuchillo que asesino a tres sandías, y su dueño, vuelto loco, se comió su corazón. En los clasificados siguen tercas las nubes suicidas, buscando lluvia seria en edad de merecer, limpia y que no use drogas para llorar ni para mojar praderas, cosa que me parece por demás absurda, deshonesta, si al cabo, las praderas suelen ir a los bares en busca de tormentas borrachinas que les humedezcan el paladar. Allá a la vuelta, una princesa soltó sus manos, y camina sola, y sus alas se acurrucan en la ventana y sus letras quedaron libres para ir por la calle y sus ojos se pusieron en huelga de llorar. Total, el tendedero ya no aguanta sueños, se balancea como panza de elefante casi hasta el suelo y roza con la espalda adolorida el charco que se forma en la azotea, el charco donde nada mi cordura, desatada de manos solo por hoy, arrebatada de locura, solo por hoy. Así nomás, sin el plan de hacerlo, si vale la pena soñarse ataviado de guirnaldas y pintado de guerrero, y con el ardor en el pecho ir de espía a la guerra florida y amanecer repleto de altares y de dioses comilones que esperan su ofrenda en el primer escalón, exigentes, malos para dar propina, y asquerosamente atados a alguna leyenda arcaica que les impide irse de vuelta a algún pozo, a descansar. No es que no crea, es que no es Marte el naranja en la noche, impostor seguro, algún globo perdido o algún corazón enamorado que se elevó hasta allá. Suele pasar, sin duda, que la musiquita alienta a los sentidos y las manos se ponen secas y temblorosas nomás de pensar en tu voz y en tu boca formando una sonrisa, tiempo de cerrar los ojos y dejar de fajarme a la pared. Salimos en una pequeña balsa que parecía llevar los pantalones muy flojos y el escote muy abierto, pero no le miramos de más para evitar el problema, y no le miramos de más para que no se nos cayeran las estrellas que amenazaban con barrer el agua que nos llenaba y nos llevaba más allá, por el estrecho que se hacía eclipse y luego amanecía como si nada, sin resaca, sin destino fijo abríamos los ojos y a la vuelta de cada recodo de río otra vez las morsas bailarinas daban el espectáculo de medio día, y seguíamos y pensábamos hallar algún tesoro amarrado a la corriente, pero no hubo tesoro, no hubo más que los rasguños, los gritos, yo azotando la puerta y tú sentada igual de sola que hasta hoy, yo escribiéndote poemas y tú igual de transparente, yo llorando de amor y tú igual de atada que siempre, yo mojado de la cabeza a los pies y tú igual de dormida que siempre, yo asustado a morir y tú igual, dormida, imaginada, fugaz. Aquella mañana, todo fue distinto, ¿recuerdas?, yo había perdido la fe y tú habías perdido un beso, que se me quedó para siempre entre estas letras; luego echamos a andar por aquel camino que se dividía en dos, y fue entonces que divisamos nuestras almas rotas y quisimos pegarlas con pegamento, pero siempre había sido demasiado tarde, incluso antes de empezar a andar, ya era tarde para este hoy, y ya era tarde operarme esta cabeza y sanar, y ya era tarde para empezar de cero, y ya era tarde para soñar amar, ya era tarde para echar el tiempo atrás.

 y todo esto para decir como te echo de menos


jueves, febrero 20

Tiernamente triste

Demasiados textos sin sentido, sí, me doy cuenta de ello, de cómo me repito en mis laberintos, de cómo no me canso de mis absurdos y de cómo insisto en las ganas de conquistar cimas imposibles. Pero esto de no sentirte cerca, esta fragilidad de mis pasos, me vuelve un poco loco ¿sabes?, tiendo a platicar con cerillos apagados y de insinuármele a la mesa recitándole poemillas de amor, al cabo sé que no les entiende y sé que nunca me dirá que no. Esta tendencia de enamorarme de lo imposible me harta, me fastidia, pero me mata de realidad. Ella seguro amaneció queriéndolo más y recordándome menos, siempre me pasa, me descubro de mañana herido porque no viene, porque no me piensa, porque no me espera, porque va y se encuentra con su amor. Solito me mando al carajo y del carajo me regresan con etiqueta de ridículo. Escarabajo ridículo, cronopio sin suerte envidiando famas que le ganaron su lugar en algún avión al cariño, al que alguien te extrañe al menos, desde hoy seré ojo de hormiga, avestruz con la cabeza hundida en el planeta, me retiro de ser un chiste y un bufón con aires de juglar. Ya no tengo lugar ni en mis propias ganas. Esta fiesta no es para mi y este espejo está tan roto que mi imagen se ha perdido en mil escombros, en cien cachivaches desperdigados debajo de mi cama, en mis sueños rotos en una bolsa negra con destino a la salvación; este yo, se marcha al olvido de ser.

Hace tanto que te extraño, que siento que vuelvo a oír tu voz

domingo, febrero 9

Que meloso

A ratos pienso que...
...al fin y al cabo, no me sé conformar; amarte así es redundante; a veces ni yo lo creo, a veces casi estoy seguro de que me volví cuerdo otra vez; pero total, que me ames para tus adentros no reconforta tanto como debería (en teoría), que seas de hielo y yo arda con la imagen de tus lunares no resulta decoroso para mi dañada razón; tú guardándote tus ganas y yo dibujándolas a cada oportunidad es un juego que jamás podría permitirme (el bufón) ganarle a nadie; tú y él abrazados y bailando; ellas y yo jugando al calor de ratos; tú y yo en polos tan opuestos como un te amo y lo amo a él; un vértice bizarro entre un papel firmado, una foto de hastío y cien fotos dormidos, para recordar cada detalle tuyo. Así no gano. Sonríe escarabajo y disfruta tus ratos a solas con ella (imaginada) sobre el pasto; que resulta que resuelto el laberinto, allá adentro se ha quedado la misma duda, el mismo arranque de disgusto efímero, y la misma sonrisa de genteviva, para que el mundo siga creyendo que tienes corazón.

sábado, noviembre 2

Salto al vacío

Dispuesto a lanzarse al vacío, el diminuto escarabajo poeta se deslizó por aquella carretera con el bosque de audiencia, su navecita roja seguía a perfección las vías y él asomó la cabeza a la ventana listo para el salto mortal. Las patas bien agarradas de la orilla del vidrio, la camisa aquella que tanto le gustaba ondeando como estandarte de un adiós, y el pequeño paracaídas bien ajustado a la espalda. Al grito de ¡aleluya! el escarabajo brincó a la nada, las alas no se abrieron y el artilugio flotante de emergencia no sirvió; acabó aplastado entre dos pinos que le miraban con la risa contenida y una ardilla moría de burlas tras el fallido suicidio del bufón. Aún más dispuesto, y ya menos apachurrado luego de darse un chapuzón en el rocío, retomó el camino y vio perderse lejos su navecita roja que silbando corría hacia la libertad. Ya le alcanzaré y lo intentaremos de nuevo, dijo el poeta; alzó el vuelo y con la mirada sorda comenzó el nuevo plan para matar de una vez por todas aquella maldita depresión. 

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jodido Leonel, tuvo que entrar a mi casa con esta canción
"Mejor, me ausentare por un tiempo
hasta que sienta que el viento
dejo de hablarme de ti
mejor no recordare tu cara
porque el dolor nunca para
cuando me acuerdo de ti.
Mejor no pregunto a nadie con quien estas
no creo poder soportar una heridas mas
y una herida más..."

miércoles, julio 31

11:13

supongo estás cansada, 
buenas noches Luna

Tal cual, estoy que rozan mis pies en la orilla de un precipicio (no tan poético como el de Arreola), pero si tan abismal como el desamor en sí. Sucede que hay etapas en las que uno recuerda y se inmiscuye en atrocidades bíblicas de recuerdos, luego viene la cordura, la calma, pero igual, nunca la paz. Voy a decir sencillamente que hoy no amo, ni quiero, ni soy. Pero si siento, desgarro y vivo de tus cartas, tus besos, hundirme en tu pelo negro, imaginar el aroma de tu cuello, abrir los ojos y saberte ahí dormida, arquear la espalda mientras juegas con letras, darte la mano despacito por la calle, tu risa vibrando lejos, tus pies caminando despacito, tus gritos azorando la noche, el oasis de tu piel, aquella isla donde vives, andar por nuestras calles de césped, nadar en tu mar, las letras perdidas para ti en mis poemas y tus ojos, que de repente se asoman y se acuerdan de cuando no me quisiste querer, pero igual, resultaste enamorada de este sencillo escarabajo azul. Ahora bien, la orilla no es nada resbalosa, pero uno suele hacer cara de malabarista cernido sobre la guía de alambre y hacer como que se cae, como que no se cae, a fin de cuentas, uno quisiera siempre evitarse el porrazo. Ya no estoy tan seguro, sería mejor, más sano y menos cuerdo dejarse caer, olvidarse de cuentas de banco y cheques de amor, pagos por himnos de olvido, canciones lentas de vino y mal humor, y caer tan solo hasta que la pared se sincere con la luna. Suele suceder que a esta hora, me pienso en tu boca imposible. Tarareo alguna tonada que te agrade y pretendo no estar demente y poderte acariciar. Letra etérea me tumbo en tu vientre y pienso en el porvenir, el librero mudo, polvos de cielo perdiendo la fe, y a la mesa, dios y el diablo de nuevo, preguntándose cuando repartiré la siguiente carta y a quien le daré el favor de perderse en mí, quizá a ninguno, quizá a ambos para terminar frenéticamente en desenfreno de cielo y sol, las alas no secan, los ojos no caen y los pies no resbalan al abismo, que se cansa, también, de esperar que abra los ojos, de una vez por todas y resbale a la nada que de por sí, cada noche invoco antes de irme a dormir. Voy a soñar sencillamente que hoy no extraño, ni pienso ni soy. Pero si escribo, dibujo y vivo de una tarde donde tu risa era la puerta del cielo. Ya casi nada evita que me vuelva loco de imaginarte, ya casi nada evita que te piense, sin existir tú, sin existir nunca yo, en ti.

martes, febrero 5

A veces quiero contarte

Para no perder la costumbre... amanecí gris, caminando por un camino extrañamente lleno de gente, y al mismo tiempo, extrañamente solo. Como cada inicio de año, uno supone que el alma se regenera y que los ojos toman un nuevo brillo de navegante, pero no siempre es así, con el año nuevo las estrellas cambian de piel y los escarabajos cuelgan en el armario las alas, hartos de volar por calles vacías y lluviosas, decidimos vestirnos huraños otra vez, rojos de nuevo y verdes de andares para tropezar al trabajo otra vez. ¿Qué hacerle al dolor de espalda? ¿Qué hacerle a la comezón del corazón? Son cosas tan comunes como despertarse abrazado a la muerte, que suspira y entorna los ojos creyendo que se ha vuelto a enamorar, pero solo quiere matar, cenar bonito y soñar bailando con una nueva pareja que no sabe más que romper en llanto cuando saca la bolsita y cuenta los pedazos de corazón que esconde ahí de la luz. A fin de cuentas, tantas letras no son más que la fatiga de unos dedos que ya no saben de que escribir, que ya no tienen ni a quien llorarle porque ya no saben ni de quien se van a olvidar; total, que se encueran los ojos y ayunan las ganas, para perder lo virgen de nuevo con la primer mariposa que se asome a los jardines de la infancia, allí donde menos duele y donde uno cree estará a salvo de los conejos con personalidad bipolar. ¿Qué puedo insinuarle a la noche para que me haga el amor otra vez? Me he puesto a escarbar por la casa y no encuentro en los cajones donde hice un hoyo para atravesarme de este mundo al otro, al de colores, al de cartas y escaleras que se pasan brincando de canto a canto para removerle la conciencia a los que navegan en alcohol, a los que cabalgan en humo de olvido y a los que lloran mares para no perder la costumbre de soñarse con menos sal. No puedo quejarme del asilo en las banquetas, siempre tan risueñas y abriendo las puertas de par en par, me gritan despacio para que les mire debajo de la falda pero ni mis pasos ni yo hemos vuelto a salir con aparatos para medirnos el desenfado, para curarnos la ceguera y mucho menos, con esmeralditas para comer en el intermedio fugaz de la hierba bajo los pies, en aquella sensación de fresco que da gripe y de frío que se roba el calor debajo del cobertor donde hice campamento ayer, delirios, ¿sabes?, son delirantes mis manos que sudan crayones enfadadas por no saber pintar colinas, el pelo absorto, como siempre, azuzando a la espalda a lanzarse a la guerra con el sol, crispado de bosques que nos mira desde arriba y azota con sus burdas tormentas la estación de este tren que parte tarde al encuentro de cordura y aceptación de fe. No hay miedo. No hay esperanza tampoco, y el resquicio de mi que habitaba este cuerpo reniega para no dejarse bañar con esas aguas que duelen, solo quiere dormir, y para no perder la costumbre, queremos abrazarnos fuerte bajo la lluvia de quimeras, para que el mañana que no viene pueda convertirse en el ayer que nunca me quise comer, ni con aderezo de sueños, para no volver a sentir que en el hueco que me crece en el pecho me late algo que no sea desgano, ni tristeza, ni algún tipo de músculo bombero ensangrentando mis venas alebrijes sin reloj de pulsera que ya no quieren creer, o de plano, no quieren saberse con vida, tan solo esperan la arena del desierto en la cara para seguir leyendo a gusto, tiradas en mis brazos y en mis piernas, sin indicios de hacerle la vida difícil a ningún gato que mira estático desde su escondite de papel, no quiero agua sin mar, es cierto, ni me interesa un viento sin montaña, ni una luna sin alma para entregar.