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martes, diciembre 6

Torpe, torpe nomás…

…cuando vienes y me miras eterno,
…cuando respiras de mi cuello,
…cuando te escondes en mis manos,
…cuando callas,
…cuando abrazas y el mundo se muere,
…cuando te ríes y matas,
…cuando te lloras y vives,
…cuando te dibujas seria,
…cuando eres luna, sin sol,
…cuando mojas mi sed,
…cuando estás, cerquita,
…cuando tú vives, en mí.

lunes, agosto 1

Un miedo

No buscaba la forma de esquivarlo, pero cuando vas por la calle y una espiral de miedo se te atraviesa al cruzar la esquina, la luz que llevamos dentro nos hace despacharla pronto y proseguir. En mi caso, flexioné la cabeza y mojé los labios como disimulando mi atención a la banqueta, miré fijo mis pasos y me suspiré inadvertido cuando el miedo pasó a mi lado y me olió el sudor, como los perros que huelen tu sentir, el miedo de niños, el terror de anciano sin bastón en la cuerda floja. El miedo pasó de largo, yo respiré tranquilo al otro lado de la banqueta, lo miré de reojo y me advertí mojado del pantalón, después de todo, hay miedos colados que se le cuelgan a uno del alma, y está jodido borrarlos como si fueran gis en un viejo pizarrón.

sábado, octubre 16

Vuelvo

Volver a estar en ese camino, es una prioridad, aunque no inmediata, y no porque cada célula de mi cuerpo no lo pida, sino porque el tiempo no lo ha permitido, ni los recursos han querido coincidir. Ya habrá tiempo, de recorrerle, sudarle, mirarle, admirarle, ese mismo camino que nos aguanta lo que sea, soles, lunas, alcoholes, desamores y fantasías, pero que siempre olvida, porque siempre, una nueva historia vendrá... a ver cuál sigue, yo, me muero por volver.

sábado, diciembre 19

Hay días...

Hay días así, ¿ya lo he dicho?, en que quisiera que sin pensarlo me rompieras el corazón, el alma, los sueños. Y me miraras inerte como el fantasma que soy, el mismo que te hace reír en las ventanas virtuales de los mensajeros, para luego apretar el puño contra mí y quitarme esta vida, que es tuya, y diluirme enterito en el trago de tu mojito favorito, con sabor a las tardes de lluvia, ¿ya lo he dicho?, hay días así, en que quisiera que sin pensarlo me ataras a tus sueños, enmarañaras con tus antojos mis mañanas, mis noches, mis medios días de vida a medias, de vida sin mí otra mitad en el alma.

domingo, noviembre 22

Fuerza Luna

Yo entiendo, a sabiendas que las peripecias de la luna por no caerse del cielo son cosas de todos los días, que igual seguirá tambaleando sin dormirse en sus laureles para nunca llegarse a caer. Ya bien sabemos lo que pasa cuando una luna se queda dormida. Y es que no es para menos, anoche me despertó el estruendo de la luna que despertó asustadísima por haber tenido una de esas sensaciones de caída repentina que los humanos solemos experimentar, y ahí estaba ella, quieta y solemne, meciéndose los cabellos y dándome la espalda a través de la ventana; yo soñé que ya no soñaba, que era viernes otra vez y estabas aquí de regreso, pero mira, entre la luna que creyó que por fin se caía y yo que desperté soñando que despertaba, ya no pude volver a dormir.

Y heme aquí, con los brazos extendidos, por si a la luna de plano se le rompe el hilo que la sostiene en el cielo desde ayer.

sábado, septiembre 19

Ansiedades

Y miro la gente pasar.
Por la ventana se cuelan todo tipo de sonidos, van desde el perro imitando a las ambulancias, las alarmas de coches y un “cambia ya de color” de algún peatón apurado. Estoy desconfiando mucho del clima, está nublado y asusta al sol, se alejan más las lluvias que me hacen, como siempre, pensar en la distancia que hay hasta ti.
Pero no quiero ponerme cursi.
Algo aplasta al mundo.
No son nada más las nubes que de repente se han venido a vacaciones a mi escritorio, hay algo más en el ambiente que no se deja ver del todo bien, y a veces me da por pensar, si se nos ha vencido el recibo de luz, de tierra, de mares, de suerte para seguir cavilando y nomás, existirnos porqué si.
Yo aprovecho el tiempo y te robo un beso mientras caminas allá en la ciudad donde trabajas ahora.
Pero no quiero ponerme cursi.
Es que se nos cuartea la realidad.
Y por las grietas vienen demonios vestidos de traje, casi siempre amarillento, fumándose su bilis mientras el diablo juega a chuparse los ojos, a olvidar el miedo de caer desde el sol, libre, caída libre, y no la libres hecho un susto contra el pavimento. Todos son solo sueños que reverdecen mientras se marchita la fe.
Mi fe sigue intacta, debo decir.
Le sigo rezando a tus lunares y sonrisa.
Le sigo anhelando a tus ojos posarse ante mi. A tu boca por más besos. Pero no quería ponerme cursi. Y que más da. No dejo de pensarte. Que más da si no paran de antojárseme tus manos en mi pecho. Nada más quise pensar, el cielo se sigue arrullando entre las nubes, mucho barullo afuera, me voy a soñarte, me voy a pensarte para ya despertar.

jueves, agosto 20

Días de cambio

El autocontrol me ha evitado salir disparado hacia los confines del universo. La luna que guardo al lado del machete oxidado y el alebrije escondido en las telarañas, insiste en asomarse con ganas de pedir permiso para volar. Yo me pregunto si lo más adecuado sea desamarrarle las alas al sillón y dejarse llevar. Si. Quizá. Del otro lado del cuarto he visto que la organizada revolución de los libros ha empezado a tomar forma, se sacuden solos, se releen unos a otros y con mirada acusadora me enseñan al que he dejado muerto sobre el escritorio, yo les digo que solo duerme, espera, se relame las hojas a la espera de más ojos. Y es que siempre es así, en los días de cambio, que el corazón se duerme al revés y despierta siempre mirando al sur, como queriendo emigrar, pero se queda, aferrado a los sueños de irse a navegar por la espalda de algún día de estos, resbalándose en un barco de papel que recorra todas las bancas de la ciudad. Nada más se trata de aprender a navegar en nuevos mares, dice. Tan solo se trata de abrir la ventana y averiguar de qué se trata el nuevo día de hoy.

jueves, abril 23

Incoherencias bajo luz artificial

Hay una melodía constante que me atosiga,
me jode,
y creo que es la de mi propia voz,
tú sabes, ese desencanto de escucharse en una grabación insulsa,
torpe,
como quien recién sale del mar y aún siente las olas en los muslos,
así yo siento aún los ojos en el cielo,
o en el infierno,
no sé,
solo sé que me da por teclar hasta el cansancio,
escribir,
reciclar,
reciclarme,
dibujarme
relacionarme con luces que luego se vuelvan huracán,
y arrebatarme el dolor con una aspirina,
con tres kilos de autocompasión,
y ya no preguntarme qué carajo ha sido de nosotros,
bien, en todo caso, que ha sido de mí,
y de las seis de la mañana que ya no me saben igual,
ni los besos ni los enojos,
ni la biblia ahorcada en el tendedero,
un Jesús descalzo y parlanchín,
un diablo fumando hierba,
el olvido soñando con que ya no le manden más,
nada más,
todo aquello y las comas que sobran,
delirios,
somos delirios,
alucinaciones,
cordura en el pabellón,
los truenos enormes,
la montaña rusa perfecta,
la caída libre a nubes de algodón,
no,
nada,
coherencia,
ninguna,
locura,
toda,
ausencia, toda, toda, toda.
Ausencia.
Eternidad.
Yo. 


te reconocería aún con los ojos cerrados, ahora vas y vienes en mi memoria como por tu casa.

lunes, abril 20

Te deseo aquí

Justo ahora. Quiero arrebatarte a la distancia y jurarte un amor eterno como el que no te han jurado esos cien juglares que han hecho canciones sobre ti. Quiero arrebatarte al ayer, a tu pasado, a tus cuentos y a la sensación de otras manos recorriendo tus calles camino a tu casa, que son mías, por derecho y por antojo, por ganas, por deseo, como el que nadie, pese a las promesas que te hayan hecho suspirar, puedan cumplir, créeme, lo firmo con un beso en tu frente, sobre tu boquita triste y tus labios color cereza que me hacen perder el pudor en el cielo, escapar de alguna reunión y tirarme a tu lado para contarte un secreto, para decirte, con esta voz mía tan terrible, que amo la tuya, su tono, su estilo particular, tu risa (por dios, tu risa), el huequito que se forma en las orillas de tu boca cuando sueltas alguna carcajada, eso, y resbalar en sueños por tu pecho, por tus manos, por tus dedos, y acompañarles a cada risa del camino al éxtasis, de tu paz disparada contra mi terquedad; es tan solo, diosa, que se me antoja correr ahora y no esperar a que vengas, hasta mí, entrar en tu gris oficina y buscarte hasta ver tu mirada y tu asombro dejando caer el teléfono o el estúpido ratón ciego del ordenador, notar en tus mejillas la sorpresa, el día que por fin me levante y ejerza el derecho divino de hacerte volver, y nada más, llevarte a las ruinas de mi castillo donde nadie vuelva a saber nada más de ti más que tus letras en algún espacio virtual.

Es mi alma, ¿sabes?, que no se conforma con tan poquito de ti y quiere más, mucho más, como tenerte recostada y sin prisas para admirarte enterita y volverte a reconocer como si no fuera un sueño, solo una realidad, esta, donde el pensamiento nos tiene juntos, y las ganas nos brotan por los poros, y mis torpes palabras vuelan buscándote y confesándote algo que hace tiempo sabes y que nada ni nadie puede arrebatarle a nuestros oídos, aún en el silencio de estar sin ti justo en este momento: te quiero. Y te digo, luna de plata, que espero verte llegar cuando el sol se oculta sobre el cielo de la primavera, la luz se apaga, el mar se duerme, mis sueños me erizan la piel y tú en la puerta, mochila al hombro, el tiempo detenido, mis ojos congelados en ti... 
Ella es Luna.


viernes, abril 3

Voy a decir sencillamente

Tal cual, estoy que rozan mis pies en la orilla de un precipicio (no tan poético como el de Sabines), pero si tan abismal como el desamor en sí. Sucede que hay etapas en las que uno recuerda y se inmiscuye en atrocidades bíblicas de recuerdos, luego viene la cordura, la calma, pero igual, nunca la paz. Voy a decir sencillamente que hoy no amo, ni quiero, ni soy. Pero si siento, desgarro y vivo de tus mensajes, tu risa, hundirme en tu pelo negro, imaginar el aroma de tu cuello, recordar tu mirada ante mí, abrir los ojos y saberte ahí, darte la mano despacito por la calle, tu risa vibrando lejos, tus pies caminando despacito, tus gritos azorando la noche, el oasis de tu piel, aquella isla donde vives, andar por nuestras calles de césped, nadar en tu mar, las letras perdidas para ti en mis poemas y tus ojos, que de repente se asoman y se acuerdan de cuando no me quisiste querer, pero igual, resultaste enamorada de este sencillo escarabajo azul. Ahora bien, la orilla no es nada resbalosa, pero uno suele hacer cara de malabarista cernido sobre la guía de alambre y hacer como que se cae, como que no se cae, a fin de cuentas, uno quisiera siempre evitarse el porrazo. Ya no estoy tan seguro, sería mejor, más sano y menos cuerdo dejarse caer, olvidarse de cuentas de banco y cheques de amor, pagos por himnos de olvido, canciones lentas de vino y mal humor, y caer tan solo hasta que la pared se sincere con la Luna. Suele suceder que a esta hora, me pienso en tu boca imposible. Tarareo alguna tonada que te agrade y pretendo no estar demente y poderte acariciar. Letra etérea me tumbo en tu vientre y pienso en el porvenir, el librero mudo, polvos de cielo perdiendo la fe, y a la mesa, dios y el diablo de nuevo, preguntándose cuando repartiré la siguiente carta y a quien le daré el favor de perderse en mí, quizá a ninguno, quizá a ambos para terminar frenéticamente en la fiesta de cielo y sol, las alas no secan, los ojos no caen y los pies no resbalan al abismo, que se cansa, también, de esperar que abra los ojos, de una vez por todas y resbale a la nada que de por sí, cada noche invoco antes de irme a dormir. Voy a soñar sencillamente que hoy no extraño, ni pienso ni soy. Pero si escribo, dibujo y vivo de una tarde donde tu espalda era las puertas del cielo, y letra a letra caían los besos más vivos que nunca en aquel cuadernito. Ya casi nada evita que me vuelva loco de imaginarte, ya casi nada evita que te piense, sin existir tú, sin existir nunca yo, en ti.

"¿Qué pasaría?, 
si te digo, que te extraño, como a nadie, 
si me dices en silencio que lo sabes, 
si no nos decimos nada, para qué..."

sábado, septiembre 7

No saben de ti

¿Es una despedida? - pregunté. No, yo no he dicho nada - dijo ella; pero hasta el sol lloraba, sus ojos decían adiós y aquel beso supo a eternidad. Luego se fue, me fui, y estas letras vuelven a caerse de su barquito de felicidad.

Ni siquiera tengo ánimos para escribir, siento que el corazón me sobra en este cuerpo, que meto las manos por la garganta y lo quiero sacar pero no lo alcanzo, y lo escucho, latiendo, muriendo, en algún lugar de mi pecho, roto, hasta el carajo de amarla, y cansado por los besos que le deben, pero no lo alcanzo, no lo puedo sacar, habrá de quedarse ahí medio latiendo hasta que deje de hacerlo o hasta que consiga un músculo sustituto para el acarreo de la sangre al cuerpo que también se muere, como que se pone en huelga, porque todo se cae y todo se agazapa debajo de mi cobertor verde, las piernas se niegan a olvidar la mano que las apretó alguna vez de camino a su casa, los dedos se niegan a dejar de sentir su pelo, los ojos se niegan a borrar su perfil atrapado en el cielo anaranjado de hace rato, la cabeza se niega a parar de darle vueltas a su imagen, la boca dice que el beso es suyo y nadie se lo puede quitar, y el corazón asoma los ojillos y deja una nota de suicidio en algún torrente con dirección a la nada, lleva fecha y lleva pedacitos de alma, pero los oídos se hacen los sordos al grito de auxilio del estómago con hambre, y obligado el cuerpo, mira, escribe, para que este pedazo de papel no quede tan vacío como debiera, letras sin corazón, sin alma, llorando, y con ganas de dormir ahora si para siempre.

Ah maldita madrugada, me dueles como si tuviera corazón...