martes, julio 7

A la noche triste...

Un texto viejito, pretendía ser parte de un segundo libro, lo busqué por que traía la nostalgia a flor de piel, lágrimas mochas y espalda adolorida con mi trabajo que dicen que no cansa, débil sujeto, moriría si hiciera algo más, con todo y eso, me duele la espalda, los pies, y los ojos tan rojos de tanto mirar, arden, lloran, y siguen tercos en mirar y mirar.

...noche triste, de repente no sé si la luna me sigue solo por seguirme, aunque sé que no estoy solo, lo siento, pero aun así me disturba el buenas noches a la pared, el te quiero al vaso de agua, y el abrazo apagado al espacio que dejó a mi lado, como sea, la extraño, y sé que no puedo seguir viviendo así, ¿las opciones? dejar de extrañarla, o seguir escribiendo poesías de cuando alguna vez fui feliz...

Aún puedo sentir tu voz al otro lado de la línea, aún tiemblo de miedo por oírle decir otra vez que ya no me quiere, y que el nuevo amor que lleva en el bolsillo es un poco mejor que yo, aunque quizá eso sea demasiado fácil, lo extraño sería que no lo fuera.

Me he sentido la viva imagen de mi propio pasado, creo que robé el alma de algún vagabundo una de estas noches que al día siguiente siempre olvido, creo que en una de estas fiestas etéreas perdí otra vez la inocencia en la gente, perdí el lente de lo bonito y se cayó del pedestal la felicidad, será que eso, será que los estuches si importan, o será que los perfumes finalmente huelen mejor que la hiel.

Ayer me encontré en un libro el pretexto ideal para olvidarla, pero se me acabó en la mañana y empecé otra vez la lista de lo que no puedo dejar atrás, aún las ideas no me alcanzan para jalarme el poco cabello que tengo y dejar de pensar en las mil razones perfectas para ponerte triste otra vez, y el tonto vaso de azul se me queda viendo y piensa: aquí vamos otra vez, al mundo de amores perdidos y relatos de los recuerdos que se mueven sin cesar.

No me dado cuenta de los pedazos de inventiva diaria que se me caen, no me he dado cuenta de las garras que me han hecho los sueños desde la otra mañana que no desperté en mi cama, en la que llamo cama aunque otros le llamen soledad; ni quise ponerme a cavilar más sucesos de cantina para no ponerme a balbucear sandeces después de todo escribir parecía un buen indicio de locura, se que debía ocultarlo, pero ayer ya no supe dónde meterme cuando la extrañé tanto, y quise emborracharme de mis trilladas cuartillas, de mis no lo sé y de mis ya no importa, para acabar así, prendido del recuerdo otra vez.

El menú de la otra noche me pareció una buena idea para empezar, el sonido de la tarde que ya se aparecía otra vez me llenó de ausencia, me llenó de nada y me vació de todo lo que ya no quería siquiera nombrar, sentí que a locura verde se apachurraba contra el techo luego de atraparla, sentí que las sombras dejaban de hacerse el amor y que los muchedumbres de los mercados estaban dispuestas a firmar la paz, acabar los gritos, dejarme pasar y comprar tan solo lo que dictaba la listita de la bolsa de atrás de su pantalón.

Supongo que no sería coherente enviarle esto a la persona del otro día, supongo que debo acostumbrarme a estas cuatro paredes, y supongo que debo acostumbrarme a olvidar las reglas de mi mundo perfecto, caminar entre lo prohibido y no olvidar que se me ha prohibido perder el orden de las ideas como pretendo hacer en este escrito hoy que tengo tanto frío.

Lo dejaré así sin terminar por que así creo que pasaré la noche, o al menos lo que resta de ella en esta mañana, o tarde, no lo sé, o no importa, o quizá no importe, después de todo esta es una noche triste…

domingo, julio 5

Hoy voy a soñar

Ella amenaza con muchos abrazos y luego se ríe; la imagino recargada con el codo en el escritorio mirando la pantalla de luz y con una risa de esas que no puedes evitar, con el pelo de colores y las manos de hada recorre el teclado y dibuja palabras de tranquilidad, de paz, y de quien sabe que ya no come sola ni recorre sola el camino a casa, en alguna parte del pensamiento es acechada por la distancia y por el quizás de un nuevo día, pero no, sola no. Yo me acurruco para dormir y escapar del frío de las últimas noches, los días de melancolía siguen naciendo cuando se les hincha su gana y tal como dicta el horóscopo suelo deprimirme como digno capricornio de un segundo a otro, luego cambio de vista y los panoramas distintos alardean felicidad, las voces en el radio y el buenas noches reconfortan, estoy lleno y estoy sudando alegrías, quiero regalarlas y no ser el grinch que suele amanecer con el brazo derecho dormido y la baba seca en el cachete.

Voy a dormir, voy a soñar, voy a espantar los malos sueños al menos por esta noche, voy a soñar que ando cerca de un río, y que no hay donde poner la cámara y entonces ella ríe al verme batallar, luego, nos burlamos al sacar la foto nosotros mismos porque nadie ha querido pasar por ahí para ayudar, voy a robarme ese momento para soñarlo y descansar como si hubiera sido yo, como si hubiera sido ella, como si todo fuera distinto, como si no fuera un capricornio, como si no quisiera empezar a sentirme solo.

viernes, julio 3

Nocturno con sueño en los ojos

La casa, el calor, los gatos, el olor a tierra mojada, los equipos muertos, las letras cansadas, las voces grabadas, las luces apagadas, las gotas tocando el techo, las paredes acurrucándose, los ojos vacilando, las telarañas creciendo, las sombras aumentando, la lagartija mirando, la humedad espantando, la cama oliendo a noche, la noche oliendo a tormenta, las cortinas embarradas, el celular mudo, el ratón esquivo, el mensajero gritando, los anuncios pasando, mi voz inexistente, las fotos de colores, tu ausencia, y yo. 

miércoles, junio 17

Y tú tan distante

Hay días tristes en que el único destello de luz es un vago recuerdo de tus ojos posándose en los míos por primera vez, sorpresivos, extrañamente familiares, como antiguas almas compañeras alojadas en nuevos recipientes.

Hay días en que las nubes llueven, mis ojos llueven, las sonrisas llueven, los recuerdos llueven, y se mojan los desiertos, se humedecen las miradas, se encharcan las comisuras, se refresca la memoria.

Hay días en que el sol calienta deslumbrando en el umbral de las ventanas, sofocando a los transeúntes, incendiando playas y sus adoquines, ciudades y sus calles asfaltadas, quemando los pies de los descalzos para los que el verano no es sinónimo de buen bronceado.

Hay días santos en que me bautizo entre tus lágrimas y me refugio en tu mezquita, me santiguo con tus abrazos y me das los santos óleos con aceite de tus consejos.

Hay días patrios en los que quisiera proclamarte mi país, tatuar en tu pecho mi escudo, inventar un himno que enaltezca nuestras guerras y victorias arrancadas a la vida, proteger tú bandera y despeñarme en tus honores.

Hay días tristes, días de lluvia, días de sol, días santos, días patrios, hay días de todo y para todo, pero hay días que no deberían de existir, los días sin ti.

lunes, junio 15

Queja formal

No es que me queje de tu ausencia en estos días, de cierta forma, disfruto y aprendo a quererte en el silencio que reina por acá, a veces prendo una vela y sacrifico un poema en tu nombre, lueguito de escribirlo, virgen ansiosa se retuerce bajo las llamas y nadie más lo volverá a leer, aunque a veces me pregunto si volverá a renacerme de las manos, convertido en viento, que reclame su muerte bajo aquel fuego haciéndome recordar de tus manos hechas colores; no es que me queje de este hueco en el pecho, es la lluvia que ha venido con el sol para llenarme de desasosiego, y entre tantas mis frases absurdas, se vuelque el cielo y me ahogue en su sed de venganzas, de cartas en papeles de olvido, que ya no vengan a robarme el sueño, tan solo, que ya no se asome la luna a hacerme pensar en ti, y en esta isla, sin señales de fe, sin señales de ti.

(querida luna acaramelada)

sábado, junio 13

No te sorprendas...

no te sorprendas que un día te coma a besos,
empezando por tu cuello,
tu alma y tus pies,
no te sorprenda que te mastique lento,
te saboree como leche asada,
y luego siga devorando tu cintura,
guardando tu espalda para el final,
y que no deje caer ni una sola gota de ti,
y que en el suelo, solo queden migajas de ayer,
y que de mí, solo quede un sueño,
y que mientras yo te coma, tus ojos hagan trizas de mi carne,
y seamos un par de almas que se tragan,
sin principio,
ni fin.

jueves, junio 11

Tu Beso

lo malo de tu beso, es que crea adicción 

Los besos que uno recupera después de imaginarse un sueño suelen ser los más cálidos, los más largos y los más dulces. El beso que se asoma en la oscuridad de una escalera (con alguien vigilando en un segundo piso), es un beso bastante adictivo, sobre todo tomando en cuenta que es un beso nuevo, porque haberlo imaginado no cuenta mucho cuando su realidad de calor te traspasa la memoria y te tira todo lo malo, para dejarte esa sensación de tener la mitad del cuerpo congelada y la mitad solo exista dentro de ese beso, como si debajo de la lengua lo único que vive es la piel tocada por esa boca.

Hay besos que entre luces rojas, amarillas y verdes despiertan a la piel, la ponen chinita y la dejan inyectada de un brillo especial, con un pequeño piquete en la vesícula, te recuerda que la piel de gallina es un traje considerablemente cómodo para días de aires frescos como este, y que bajo el sol, no necesitas ocultar las mejillas rojas ni las manos sudadas o la boca ansiosa de más.

Los besos por la espalda, contrario a pensarse de ellos como traicioneros, resultan verdaderos redentores para las curvas cosquilleantes del cuerpo, que a veces olvidan su función de darle forma a los ensueños, mientras el beso recorre los lunares, uno se le abraza como puede al atacante beso y pelea por no ser succionado para siempre en una caricia sin par.

Hoy he notado que las manos no tienen tan buena memoria como los labios, porque aún tengo el sabor de tu beso en la boca, pero las manos insisten en imaginar tu forma y de aferrarse a las mías para simular tus ganas, tu calor y el descubrimiento aquel que nos estremeció al mismo tiempo, causante luego de que los ojos se cerraran y las sensaciones se convirtieran en gobernantes de dos cuerpos un tanto aturdidos, pero despiertos y con ganas de comer.

Amanecí con el extraño bien de ansiar tus besos de mañanita, son las mismas ansias que no me han dejado dormir nomás por que traen la idea que regresarás pronto a cumplir la dosis diaria de besos, que aquel beso primero fue el inicio de una hermosa historia digna de ser escrita en algún cuadernito de bolsillo.

Pequeña Luna

¿Sabes? Talvez ya no hablemos mucho,
tal vez no estemos juntos,
tal vez ya no sepamos qué pasa en nuestras vidas.
Pero...
para ambos hay un día con lluvia
y de eso ninguno de los dos puede escapar...

jueves, junio 4

Escaleras con suspenso

Podría, de vez en cuando,
salir volando por esta ventana que me vigila.
Unirme al aullido de perros, de ambulancias, de locos,
y romper el viento en un ulular sin sentido.

Podría, a veces,
robarte el beso que piden tus labios de fuego,
salir volando por esta ventana que me sueña
y romper los trazos de realidad que son el engrudo que le da forma
al mundo.

Romper el viento como un maullido de gatos mirando la luna.

domingo, mayo 31

Fuerza Luna

Yo entiendo, a sabiendas que las peripecias de la luna por no caerse del cielo son cosas de todos los días, que igual seguirá tambaleando sin dormirse en sus laureles para nunca llegarse a caer. Ya bien sabemos lo que pasa cuando una luna se queda dormida. Y es que no es para menos, anoche me despertó el estruendo de la luna que despertó asustadísima por haber tenido una de esas sensaciones de caída repentina que los humanos solemos experimentar, y ahí estaba ella, quieta y solemne, meciéndose los cabellos y dándome la espalda a través de la ventana; yo soñé que ya no soñaba, que era viernes otra vez y estabas aquí de regreso, pero mira, entre la luna que creyó que por fin se caía y yo que desperté soñando que despertaba, ya no pude volver a dormir.

Y heme aquí, con los brazos extendidos, por si a la luna de plano se le rompe el hilo que la sostiene en el cielo desde ayer.