jueves, octubre 29

El gato que robaba los amaneceres

En un pueblo donde nunca amanecía antes de las 9, vivía Gastón, un gato naranja gordo que nadie entendía. Cada noche, Gastón se escapaba al cerro más alto y se sentaba a mirar el cielo. 
Un día, la niña Luna lo siguió.
—¿Qué haces aquí cada noche? —le preguntó. 
Gastón la miró y maulló. Pero esa noche Luna entendió su idioma.
—Guardo los colores —dijo Gastón—. Si no vengo, el sol se olvida de cómo pintar el cielo. 
Luna se rió.
—Los gatos no hacen eso.
—Claro que sí —respondió Gastón—. Los humanos creen que el sol sale solo. Pero alguien tiene que recordarles a las nubes cómo se ve el amarillo.
Luna empezó a ir con él todas las noches. Llevaba su manta y Gastón llevaba su panza calentita. 
Una mañana Luna se enfermó y no pudo subir.
Esa mañana, el amanecer en el pueblo fue gris. Sin naranja, sin rosa. Solo blanco y feo.
Luna desde su ventana susurró:
—Vamos Gastón...
Y a lo lejos, en el cerro, Gastón estiró sus patitas, bostezó gigante y el sol como que se acordó de repente. Ese día el amanecer fue el más morado y naranja que nadie recordaba. Desde entonces, cada vez que ves un amanecer bonito en Tacna, es que un gato en algún cerro se acordó de hacerlo por ti.

lunes, octubre 26

Pequeña Leia

Una pequeña gota de luz, 
resbalando por la cáscara de un suspiro,
volando lejos y mirando el mar,
pequeña gota huyendo del cielo,
pequeña gota dibujando la palabra amor,
se come las uñas y se vuelve guiño,
gota guiño de luz de amor,
resbala y en la orilla alza el vuelo,
con alas de mariposa, con alas abiertas al mar.

jueves, octubre 22

Quiero dormir soñando tu piel

Quiero dormir soñando tu piel,
aguas de río en la cara y aguas de río en el pecho,
de tus piernas ser la sed,
y la carne que tiembla en medio de mi lengua
arañándole lo cursi a una promesa,
ser río tuyo
y ser río de mis alas alzadas
cazando lucecitas en la madrugada,
montaña humeante y pechos danzando
al ritmo mutuo de una pasión,
seres eternos haciendo el amor al alba,
disfrazado el mago
y el hada que regresa para verter su luz en estos hombros,
para acabar recortados en papel sobre un escritorio
a la altura exacta de tus caderas,
de mi ser, de mi sentir.

domingo, octubre 18

Morir imaginando

Morir soñando con castillos verde esmeralda, caminos amarillos y grandes oleadas de mariposas color marrón.
Morir soñando que eres mía y que comemos de la mano del amor.
Morir soñando contigo.
Morir soñando en ti.
Morir soñando nuestras manos sujetas por un listón color marfil.
Morir soñando, morir imaginando que nos amamos, por siempre tanto como hoy.
Si, así quiero dormir, así quiero vivir este sueño color cielo contigo, este paraíso terrenal a tu lado.
Morir imaginando que esto es verdad, porque lo es y lo vivimos cada día, porque lo es y lo creemos cada vez que lo volvemos a vivir.
Por favor, si estoy soñando contigo, no dejes que me despierten... quiero morir imaginando que vivo en ti.

martes, octubre 13

Nowhere Man

Y de repente el cielo se tornó morado, casi todo, a excepción de un sol naranja que se extendía tercamente en el horizonte, agonizando ante la lluvia que le derretía la cara. Era el fin de la guerra y la luna lloraba lágrimas de acero, mientras las naves de los sobrevivientes abandonaban el tercer planeta con rumbo a lo desconocido, con comida y abastecimientos para menos de treinta días, solo esperaban y confiaban encontrar Atlántida de acuerdo a lo que dictaba la vieja profecía, así tuvieran que ir al otro lado del universo conocido, así tuvieran que dejar atrás lo verde y azul del viejo planeta moribundo.

viernes, octubre 9

Quién sabe

Quién sabe, a lo mejor habría sido cuestión de ponernos de acuerdo, tú sabes, arriba, abajo, de lado, adelante, atrás, quién sabe, podríamos habernos puesto de acuerdo y empezar por darnos un beso, quién sabe, podría haber sido más sencillo ir a tu casa o que tú vinieras a la mía, quién sabe, quizá el cybersexo resulte un poco mejor con monitor más grande, quién sabe, quizá con mejores conexiones alcancemos el éxtasis antes que se nos vaya la luz.

martes, octubre 6

Astuto

astuto el beso que se te escapó en mi cuello; astuta la mano larga y con ansias que dejé escapar; astuta selva no tan virgen pero húmeda y suficientemente calurosa como para no llenarse de rubor con 2 huéspedes ansiosos y con pretensiones un tanto indecisas; astuta la falda que se cayó sola y astuto el hilillo de pasión que quiso dejarnos unidos un rato; astuta noche, sabe como juntar soledades aún en extrañas épocas de frío, y calor.

viernes, octubre 2

Hoy que desperté ya no creí en amaneceres.

Vi por la ventana y a la luz que entró me la comí enterita, sin masticarla,
y sin sentir nada en la garganta tragué,
como niño que acepta la cosa extraña y gelatinosa que le regala su madre.

Tragué y no hubo más luz,
solo el techo inexacto de la casa,
apagado, inmóvil y borroso.

Burlón,
asentí con la cabeza mientras quise despertarme,
pero seguí dormido,
ansioso por seguir rasguñándole la espalda a la cordura.

martes, septiembre 29

Dos sueños con ganas de escapar

 - Anda, mira, el cielo ya no está verde, deberíamos salir y contemplar el arcoíris, quienquita y estamos justito debajo de donde dicen que se acaba y donde dicen que te encuentras una ollota llena de oro, de puritito oro. 
- Pero no todo lo que brilla es oro. 
- Ya lo sé, si hallamos la ollota, cerramos los ojos y con las puras manos lo agarramos, pero sin ver, pa' que no brille y no nos manche de dorado. 
- ¿Y que tal que no es oro? 
- Pues algo habrá de ser, ni modo que los duendes hayan dejado una ollota vacía justo al final del arcoiris. 
- Anda, suena bien. 
- Si, vamos, que la noche se ha puesto anaranjada y el barco fuera de la isla no tarda en llegar, la luna se ve rosa otra vez, siento que tendremos suerte si nos apuramos antes que empiecen a llover estrellas de nuevo. 
- Cierto, deja me apuro y me llevo algunas ganas de más, quienquita y el cuentero hoy si nos deje salir. 

martes, septiembre 22

Como una luna... Como un girasol...

Todas las hojas que escribí,
todo este tiempo que leí… fue solo práctica,
han sido ensayos para tu llegada;
pues quiero darte cuentos perfectos,
contarte mil historias de sirenas,
almidonarte el cielo y puedas pintarlo entero con tu risa.

Te espero con incertidumbre, con miedo,
pero con un jardín lleno de flores en mi pecho;
te espero con mis nubes, con mil arcoíris en mis ojos,
con una luna que te pondré de hamaca;
con un carrusel hecho de besos, un castillo de princesas sin ogros.

Te escucho venir con tus pasos pequeños,
con tus latidos gigantes;
te veo tan lejos y aun así abrazando mis dedos con tus manos;
te siento como un sueño entre mis brazos;
estoy listo para ti, para quererte como nunca quise en años.

Luna.