Mostrando entradas con la etiqueta hormigas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta hormigas. Mostrar todas las entradas

jueves, diciembre 8

Caminante

Fiel a la costumbre de las tardes por enredarme en su vaivén, concluyo que el más perverso sueño que pudo haber tenido el diablo, fue el subirse sobre mi cama disfrazado de viento para robarme el aliento una última vez. ¿Ahora qué hago?, si al curso aquel para nadar en arenas movedizas decidí no asistir para quedarme a coquetear con la luna (los refinados dirían otra cosa), quienquiera que sea, en un arrebato y con todos los gemidos del mundo juró que me amaba justo antes de estallar en mil pedazos de plata por todo mi cielo, mi cuello y quien sabe que tantas historias notoriamente absurdas más. No es que fuera yo, tan ausente de donde debería estar, estando contigo y conmigo mientras nos deletreábamos los besos que tanto me dices que te hacen falta, y yo que soy ciego amor, animal de esos extraños que llegan a confundir con quimeras, pero no soy tan solo el mismo que no aprende a cambiar o a deleitarse con tener un mar a mi merced justo en medio de tus piernas luego de salir de bañarme, como siempre, huyendo de los jodidos mosquitos que acechan detrás de todo este enjambre de dudas y derrotas. De momento soy una de las hormigas en el cuento aquel soñando con su eterna armadura, disfrazándome de todo lo que sea menos de mi para no volver a estar una tarde con la cabeza dando vueltas en el techo, abaratando las últimas letras de las que creo que seré capaz antes de darle vuelta a la hoja, y es que, ¿sabes?, esta es una de esas historias en que nadie perdió el control ni nadie lo tuvo, por consecuencia, nuestro libreto es el perfecto escondite para cualquier tipo de maraña emocional antes de alzar los pies al espacio y dejarnos caer para no flotar tan tranquilamente como alguien, aquellos que miran, leen, escuchan, podrían haberlo creído. Todo se resume en que aquí ya no hay lugar para párrafos, si acaso acentos y deshuesadas eñes que brinquen diciéndonos adiós, sobre todo a mi, que he desarrollado el pretexto ideal para camuflajearme en lo que alguna vez fui, que tan bien funcionaba sin darle espacio a ciertas lágrimas, historias, confusiones o indagaciones sobre la piel del alebrije en turno, la dama a la vuelta de la esquina descalza y satisfecha por el nunca jamás que le habían tatuado en la espalda, las alas guardadas son mías y de momento, solo me queda recordar el final de aquel cuento donde un hombre se enfila al propio acantilado de sus sueños y coincide con sus manías que es lo mejor que podría llegar a hacer. De vuelta a casa, de vuelta al hogar, se dice mientras da un paso más hacia sus abismos inventados, suicida, tanto que come sueños para el camino caída abajo, y se llama incertidumbre, todo lo que hubo o habrá, si es que vuelven, si es que vuelvo, si es que vuelves, si es que volvemos a despertar al murmullo de un día de ayer.

(pequeña luna aún me lees?)

miércoles, septiembre 16

El principio

Los pies desnudos, y las piedras que lastiman por la costumbre insulsa de las botas, las hojas que crujen secas, el riachuelo artificial marcando el tono y el caminito a seguir, sigo y le sigo despacio, al fin y al cabo, caer no sería nada del otro mundo, si acaso el cosquilleo de la misma muerte esperanzada que vive en mi, caer y olvidar la fatiga, resbalar y dejar el cansancio acá arriba, donde no me pueda seguir. Hay que tener cuidado con las trampas de viejas arañas de monte, que se cuelgan entre árboles por los que saben que uno pasará y acabará con la cara embarrada en su tela donde serviría de alimento a su ego crecido y su porqué, otra vez, a soportar sus dudas sobre el universo y la disposición absurda de algún dios para los animales y sus mascotas de antaño, los humanos como yo, urgidos de volver al principio de las cosas y hacerlo como ahora, cámara en mano, desnudo y con el ruido de la carretera detrás, allá donde el mundo es simple como los años luz en un reloj de bolsillo. Me arden los ojos al llegar, y la espalda llena de la hierba se posa tranquila para dormitar, cierro los oídos y saboreo el recorrido del viento sobre mi, me atraganto del monte, de la luz de la tarde y de la amenaza de lluvia en el horizonte, aquí estoy otra vez, con una valentía en la bolsa y mojando de absurdos mi escape al cielo, aquí en el principio de la verdad, desnudando el cuerpo, y revistiendo el alma de algo nuevo, aún sin color, aún sin edad, que me llevo de regreso a la noche, para empezar mañana, un día, una hormiga más.

sábado, noviembre 2

Salto al vacío

Dispuesto a lanzarse al vacío, el diminuto escarabajo poeta se deslizó por aquella carretera con el bosque de audiencia, su navecita roja seguía a perfección las vías y él asomó la cabeza a la ventana listo para el salto mortal. Las patas bien agarradas de la orilla del vidrio, la camisa aquella que tanto le gustaba ondeando como estandarte de un adiós, y el pequeño paracaídas bien ajustado a la espalda. Al grito de ¡aleluya! el escarabajo brincó a la nada, las alas no se abrieron y el artilugio flotante de emergencia no sirvió; acabó aplastado entre dos pinos que le miraban con la risa contenida y una ardilla moría de burlas tras el fallido suicidio del bufón. Aún más dispuesto, y ya menos apachurrado luego de darse un chapuzón en el rocío, retomó el camino y vio perderse lejos su navecita roja que silbando corría hacia la libertad. Ya le alcanzaré y lo intentaremos de nuevo, dijo el poeta; alzó el vuelo y con la mirada sorda comenzó el nuevo plan para matar de una vez por todas aquella maldita depresión. 

------

jodido Leonel, tuvo que entrar a mi casa con esta canción
"Mejor, me ausentare por un tiempo
hasta que sienta que el viento
dejo de hablarme de ti
mejor no recordare tu cara
porque el dolor nunca para
cuando me acuerdo de ti.
Mejor no pregunto a nadie con quien estas
no creo poder soportar una heridas mas
y una herida más..."

martes, diciembre 4

Cuando sopla este viento

El viento va y viene, y no lo puedo ni podré retener, le veo menear las caderas y soñar con seres que le arrebatan el alma, le veo ondear entre árboles de diamantes y aletear despacio para que le admiren las pequeñas hormigas que como yo, intentamos hacernos notar escalando montañas azules de formas un tanto absurdas y acabar partiéndonos la madre cuando los rabos de nube nos sueltan a su antojo para caer sobre yerba verde y flores y diosas que nos quieren tan solo para juguetear. Luego miro al mar que parece que ha estado siempre esperando mi regreso, le miro con sus olas y con su inmensidad y eso que tanto me llama a hundirme para siempre y nunca regresar a esta tierra, donde el viento, cual tramontana, se empeña en enseñarme que sigo siendo un mortal y un personaje de alguna tira cómica de diosesillos juguetones que me dibujan de formas de las que nunca podré escapar, y veo mis letras al viento ser nada y veo los trazos de mis ojos que siguen mirando lejos a través de ventiscas familiares, eternas e imposibles para hormiguitas de caricatura que no saben lo que es volar. El mar está lejos, y yo, hormiga trabajadora, construyo una pequeña balsa para romper las playas que me separan de su humedad, quiero llegar, no sé si logre saltar las olas que azotan esta arena, no sé si el mar quiera ser invadido y no sé si el mar siga estando cuando acabe mi balsa de ramitas, hojitas, y recuerdos listos para ponerme mi armadura y lanzarme a navegar. A pesar de todo, el viento será quien me apresure a ir o venir, como siempre, a su antojo, a su camino, a su andar, a su eterno soplo y vestir de luna, lunaviento y lunamar, soplando, llamando, alardeando su divinidad.

lunes, agosto 13

Sin intención

El día que la tercer hormiga se perdió
¿Segura que era por aquí? - Preguntó una hormiga de las del fondo, mientras sus antenas buscaban rastro de las demás compañeras. La tercer hormiga en la línea de mil, que saliera horas antes en busca de comida para la fiesta de mañana, se había perdido, y detrás de ella 997 le seguían adoloridas de las patas, caminando sin parar, buscando el rastro de las 2 primeras. Todo sucedió en un abrir y cerrar de ojos, la hormiga se distrajo volteando a ver una oruga que se transformaba en un ser alado, tanto llamó su atención que sin darse cuenta caminó en zigzag por más de 15 eternos segundos, y eso bastó para perder la línea, y de vista, a las 2 hormigas de adelante.

Por decisión unánime, se nombró a una guía distinta y a la tercer hormiga se le pidió regresar sobre sus pasos a buscar a las 2 primeras. Luego que hubieron recogido el suficiente alimento, regresaron caminando y siguiendo su propio rastro, 997 hormigas, soldados, de mirada fija, triste, pero decididas, tocaron a la puerta sin problemas y entraron al hormiguero. Las 2 primeras hormigas de la línea esperaban furiosas, luego supieron que la tercera había sido enviada a buscarlas y organizaron equipos de rescate que se alternaban para buscarle, pero nunca más la encontraron, ni nunca más regresó.

Mientras tanto a algunos cientos de metros de ahí, la tercera hormiga busca afanosa a sus 2 compañeras perdidas, sin embargo se detiene cada que un extraño suceso le llama la atención, la caída de una gota, una hoja volando, el viento que le empuja cada vez más lejos y esa extraña sensación de caminar sin tener que seguir un rastro... la tercer hormiga no piensa regresar, mientras que 999 hormigas, y una reina, lamentan haberla dejado ir, y cierran las puertas, la fiesta está por empezar.

jueves, julio 12

De todos los Días

Es de la lluvia el eterno sentir, se cansa de caerse al suelo cada día que los Dioses deciden hacernos resbalar en las escaleras. Si, de momento he reflexionado en el ser o estar de una mañana lluviosa, curiosamente el aire fresco me ha traído un recuerdo de ti, y al salir a la calle a la batalla diaria me encontré con mil hormigas que seguían mi paso, buscaban el camino de la muerte igual que yo, y eran mil y mil más en cada esquina, lo supe cuando di la vuelta bajo el mercado, tomé la extraña escalera a la estupidez y me dejé llevar.
 
El rozar de los codos en el bus se acompaña del trovador que hoy ha decidido unirse a este viaje, canta cuentos urbanos de doncellas que se van y dejan cartas en un tocador, creo que se hace más fácil entenderlo así, directamente sin deambular por el corredor de que habrá sido en realidad, creo que es de la lluvia el eterno sentimiento de culpa de verla caer ¿no crees?, y seguimos apretujando corazones y pechos mientras se nos traslada a un lugar mejor, entre la selva y los gritos de auxilio de los que quieren subir, y los gritos de dolor de los que no nos queda otra opción que bajar. 

Y si no me hago a un lado no habría logrado descender, pero lo hice y ya me encuentro en una banca sin banqueta solo con árboles y pienso que es muy temprano aún para regresar por donde vine, pero quizá fuera una buena idea, quizá podría tomarme de la mano a la primera que pase e invitarle a irse lejos conmigo, quizá sin tomar en cuenta que seamos dos desconocidos, pero ya sabes, es de la luna hacer cosas de locos, dejarse llevar por el hambre y comerse la manzana que ha traído la bruja, siempre y cuando sea roja, suculenta, como la del cuento.

Así tan sencillo no queda otro camino, cuando te das cuenta que tu trabajo es esta colmena que llaman soledad, te alimentas de papeles en blanco con tal de no sentir hambre, quizá eso se refleje en la lluvia que golpea la ventana de tu pequeño mundo, y los reflejos que se asoman y quieren entran son bastante extraños para ti, pues sabes que tienes que seguir hasta el final del día sin sentir amor, tan solo debes seguir y concentrarte en no pisotear hormigas cuando dejes el edificio, recuerda que afuera tus demonios esperan por ti, y es de la luna correr tras de ti y seguirte siempre con la mirada, mientras te hundes en pensamientos frívolos de amores imposibles y eternos, y matas dragones por ella y despiertas al ritmo de una barata canción en el asiento trasero del coche de alguien.

Torpemente llegarás a la banqueta de las hormigas otra vez, y deberás seguir al menos a una para no perderte, al menos una que refleje en si la lluvia y la puedas ver con claridad, recuerda, es de la luna perderse en el mar cada noche, fundirse y esconder la cara al mundo, dormir y no dejarte influenciar por el loco sol que sale con alegría, pero de cualquier forma hay que salir una vez más, ser luna del día y sol de noche, redescubrir el camino que no quieres, que odias, que no es correcto, pero tienes que seguir.

lunes, abril 23

Maracumango


Es cierto, fue un largo fin de semana, ¿no lo son todos?

Para que contar las desventajas de encerrarse un día entero en mi cuarto, tuve la fabulosa idea que el insoportable calor me haría perder algunos kilos en mi encierro, más bien me hizo casi perder la razón, el calor, la falta de agua en el mundo y el insoportable cosquilleo de la invasión de hormigas a mi escritorio, nada las ha podido matar, y es cierto que las cosas pequeñas, cuando se juntan, pueden matar, son de esas hormigas tan pequeñas que apenas si se ven (¿las imagino?), y de repente escalan el mouse en pequeñas unidades bélicas de 3, 5 y hasta 10 (ayer conté 9, pero debo exagerar por el bien del relato), y cuando empiezan el ataque a través de mi brazo, y son lo suficientemente astutas para no hacerse notar, y aterrizar de pronto por mi cuello, o mi espalda, debajo del polo y el sudor, maldita sea, me hace falta esa mano en la espalda, o alas para poderlas tirar de ahí.

OK, esta semana me he dado a la tarea de actualizar el blog, tengo algunos escritos nuevos y valdría la pena subirlos, al menos eso creo yo. La idea de esta bitácora es que iré subiendo tanto absurdo se me ocurra, como escritos nuevos nazcan, y también, cada escrito lo iré etiquetando a la sección correspondiente dentro de la página, para que estén organizadillos, a ver qué tal.

Ya me voy, es lunes, poco trabajo, mucho calor, y estoy muy aburrido, demasiado quizá, y con ideas bastante extrañas rondando la mente.

lunes, diciembre 14

Ay

Robustas panzas, que luego duelen, pican por dentro mil ejércitos de hormigas rojas, danzando, brincoteando como sin querer, pero se aferran a su ejercicio para causar furor en el mundo de afuera, de ahí a tu vientre, y yo que me abrazo como si fuera la vida, a ti, reposo las manos en tu cielo, y guardo silencio para que regrese la paz, menos frío, más calor de ese que cura, ¿te unto la luna amor?, ¿dime que hago para no saberte llorando?, así se me ocurren mil cosas, hasta meternos desnudos en el mar y hacerte el amor al ritmo de un jazz, que nos despierte, nos llueva ensueños. Robustas panzas, que luego duelen, y yo tan lejos, estirándome para llegar.

lunes, septiembre 28

De LA lluvia

Es de la lluvia el eterno sentir, se cansa de caerse al suelo cada día que los Dioses deciden hacernos resbalar en la grada. Si, de momento he reflexionado en el ser o estar de esta mañana lluviosa, curiosamente el aire fresco me ha traído un recuerdo de ti, y al salir a la calle a la batalla diaria me encontré con mil hormigas que seguían mi paso, buscaban el camino de la muerte igual que yo, y eran mil y mil más en cada esquina, lo supe cuando di la vuelta bajo el mercado, tomé el extraño ascensor a la estupidez y me dejé llevar.

El rozar de los codos en este camión se acompaña del trovador que hoy ha decidido unirse a este viaje, canta cuentos urbanos de doncellas que se van y dejan cartas en un baño, creo que se hace más fácil entenderlo así, directamente sin deambular por el corredor de que habrá sido en realidad, creo que es de la lluvia el eterno sentimiento de culpa de verla caer ¿no crees?, y seguimos apretujando corazones y pechos mientras se nos traslada a un lugar mejor, entre la selva y los gritos de auxilio de los que quieren subir, y los gritos de dolor de los que no nos queda otra opción que bajar.

Y si no me hago a un lado no habría logrado descender, pero lo hice y ya me encuentro en una banca sin banqueta solo con árboles y pienso que es muy temprano aún para regresar por donde vine, pero quizá fuera una buena idea, quizá podría tomarme de la mano a la primera que pase e invitarle a irse lejos conmigo, quizá sin tomar en cuenta que seamos dos desconocidos, pero ya sabes, es de la luna hacer cosas de locos, dejarse llevar por el hambre y comerse la manzana que trajo la bruja, siempre y cuando sea roja, suculenta, como la del cuento.

Así tan sencillo no queda otro camino, cuando te das cuenta que tu trabajo es esta colmena que llaman soledad, te alimentas de papeles en blanco con tal de no sentir hambre, quizá eso se refleje en la lluvia que golpea la ventana de tu pequeño mundo, y los reflejos que se asoman y quieren entran son bastante extraños para ti, pues sabes que tienes que seguir hasta el final del día sin sentir amor, tan solo debes seguir y concentrarte en no pisotear hormigas cuando dejes el edificio, recuerda que afuera tus demonios esperan por ti, y es de la luna correo tras de ti y seguirte siempre con la mirada, mientras te hundes en pensamientos frívolos de amores imposibles y eternos, y matas dragones por ella y despiertas al ritmo de una barata canción en el asiento trasero del coche de alguien.

Torpemente llegarás a la banca de las hormigas otra vez, y deberás seguir al menos a una para no perderte, al menos una que refleje en si la lluvia y la puedas ver con claridad, recuerda, es de la luna perderse en el mar cada noche, fundirse y esconder la cara al mundo, dormir y no dejarte influenciar por el loco sol que sale con alegría, pero de cualquier forma hay que salir una vez más, ser luna del día y sol de noche, redescubrir el camino que no quieres, que odias, que no es correcto, pero tienes que seguir.

miércoles, septiembre 16

Un Segundo

Cierras los ojos y arqueas la espalda, sintiendo un ejército de hormigas que transcurren por todos los vellos de tu cuerpo, pasan por detrás de las orejas y se estacionan en el cuello, para luego correr desaforadas a tu vientre entre gritos de guerra y gloria; una luz blanca te llena la mirada y eres el ser más débil sobre la tierra, oyes tus gemidos y te sientes muerto en un jardín de grandes pastos verdes y olores a flores como jamás imaginaste... luego abres los ojos, y miras la realidad.

martes, agosto 18

Cuando ella se marcho...

¿Segura que era por aquí? - Preguntó una hormiga de las del fondo, mientras sus antenas buscaban rastro de las demás compañeras La tercer hormiga en la línea de mil, que saliera horas antes en busca de comida para la fiesta de mañana, se habia perdido, y detras de ella 997 le seguian adoloridas de las patas, caminando sin parar, buscando el rastro de las 2 primeras. Todo sucedio en un abrir y cerrar de ojos, la hormiga se distrajo volteando a ver una oruga que se transformaba en un ser alado, tanto llamo su atención que sin darse cuenta camino en zigzag por más de 15 eternos segundos, y eso basto para perder la línea, y de vista, a las 2 hormigas de adelante. Por decisión unánime, se nombro a una guía distinta y a la tercer hormiga se le pidio regresar sobre sus pasos a buscar a las 2 primeras Luego que hubieron recogido el suficiente alimento, regresaron caminando y siguiendo su propio rastro, 997 hormigas, soldados, de mirada fija, triste, pero decididas, tocaron a la puerta sin problemas y entraron al hormiguero. Las 2 primeras hormigas de la línea esperaban furiosas, luego supieron que la tercera habia sido enviada a buscarlas y organizaron equipos de rescate que se alternaban para buscarla, pero nunca más la encontraron, ni nunca más regreso. Mientras tanto a algunos cientos de metros de ahi, la tercera hormiga busca afanosa a sus 2 compañeras perdidas, sin embargo se detiene cada que un extraño suceso le llama la atención, la caída de una gota, una hoja volando, el viento que le empuja cada vez más lejos y esa extraña sensación de caminar sin tener que seguir un rastro... la tercer hormiga no piensa regresar, mientras que 999 hormigas, y una reina, lamentan haberla dejado ir, y cierran las puertas, la fiesta esta por empezar.