jueves, octubre 1

He is Dead

Que se paren los relojes, que se que corte el teléfono,
que el perro a un hueso jugoso ya no le ladre,
que se callen los pianos y con un tambor sordo
saquen el ataúd y entren los dolientes.

Que los aviones que gimiendo dan vueltas en lo alto
escriban en el cielo el mensaje: "Él ha muerto",
que pongan pajaritas de papel en los cuellos blancos de las palomas,
que los policías se pongan guantes negros.

Era mi norte, mi sur, mi este y mi oeste,
toda mi semana y mi día de descanso,
mi mediodía, mi medianoche, mi plática, mi canción.
Pensé, y estaba equivocado, que nuestro amor duraría siempre.

Ya no quiero las estrellas. Que las apaguen,
que empaquen la luna y desmantelen el sol.
Que sequen el océano y barran los bosques
porque ya nada de lo que venga habrá de ser bueno.

"FUNERAL BLUES" - W. H. Auden

lunes, septiembre 21

Sueño

A veces (o casi siempre) sueño en tropezar contigo, en algún mar de la luna, los dos descalzos, buscándonos, y hallándonos, bañados en la misma plata, en el mismo dolor, bajo el mismo árbol de estrellas, y atrapando los mismos besos perdidos. A veces (o casi siempre) te imagino vestida de mis ojos, entrelazada con mis besos y amarrada de caricias a la cama, todo es perfecto. A veces (o casi siempre) escucho el latir de tu corazón, que te trae, envuelta en caprichos, a mí, y de igual forma, sarcástica, te lleva de regreso a otra ciudad, me mira, tu corazón, y me dice que eres para mí, y en medio de lágrimas, se va, y me quedo, como siempre, amándote un poquito más, extrañando, peleándole al destino, que se ha vuelto un demonio fuerte, como esta distancia, como carreteras que nos ha dado por recorrer para hallarle razón a esta absurda forma de existir. Pero ya te digo que a veces (o casi siempre) sueño en tropezar contigo, y somos diminutos seres que resbalamos de la mano por una almohada azul, hasta caer en la cama dura donde vemos películas, donde soñamos (siempre) en volvernos a encontrar.

sábado, septiembre 19

Ansiedades

Y miro la gente pasar.
Por la ventana se cuelan todo tipo de sonidos, van desde el perro imitando a las ambulancias, las alarmas de coches y un “cambia ya de color” de algún peatón apurado. Estoy desconfiando mucho del clima, está nublado y asusta al sol, se alejan más las lluvias que me hacen, como siempre, pensar en la distancia que hay hasta ti.
Pero no quiero ponerme cursi.
Algo aplasta al mundo.
No son nada más las nubes que de repente se han venido a vacaciones a mi escritorio, hay algo más en el ambiente que no se deja ver del todo bien, y a veces me da por pensar, si se nos ha vencido el recibo de luz, de tierra, de mares, de suerte para seguir cavilando y nomás, existirnos porqué si.
Yo aprovecho el tiempo y te robo un beso mientras caminas allá en la ciudad donde trabajas ahora.
Pero no quiero ponerme cursi.
Es que se nos cuartea la realidad.
Y por las grietas vienen demonios vestidos de traje, casi siempre amarillento, fumándose su bilis mientras el diablo juega a chuparse los ojos, a olvidar el miedo de caer desde el sol, libre, caída libre, y no la libres hecho un susto contra el pavimento. Todos son solo sueños que reverdecen mientras se marchita la fe.
Mi fe sigue intacta, debo decir.
Le sigo rezando a tus lunares y sonrisa.
Le sigo anhelando a tus ojos posarse ante mi. A tu boca por más besos. Pero no quería ponerme cursi. Y que más da. No dejo de pensarte. Que más da si no paran de antojárseme tus manos en mi pecho. Nada más quise pensar, el cielo se sigue arrullando entre las nubes, mucho barullo afuera, me voy a soñarte, me voy a pensarte para ya despertar.

miércoles, septiembre 16

El principio

Los pies desnudos, y las piedras que lastiman por la costumbre insulsa de las botas, las hojas que crujen secas, el riachuelo artificial marcando el tono y el caminito a seguir, sigo y le sigo despacio, al fin y al cabo, caer no sería nada del otro mundo, si acaso el cosquilleo de la misma muerte esperanzada que vive en mi, caer y olvidar la fatiga, resbalar y dejar el cansancio acá arriba, donde no me pueda seguir. Hay que tener cuidado con las trampas de viejas arañas de monte, que se cuelgan entre árboles por los que saben que uno pasará y acabará con la cara embarrada en su tela donde serviría de alimento a su ego crecido y su porqué, otra vez, a soportar sus dudas sobre el universo y la disposición absurda de algún dios para los animales y sus mascotas de antaño, los humanos como yo, urgidos de volver al principio de las cosas y hacerlo como ahora, cámara en mano, desnudo y con el ruido de la carretera detrás, allá donde el mundo es simple como los años luz en un reloj de bolsillo. Me arden los ojos al llegar, y la espalda llena de la hierba se posa tranquila para dormitar, cierro los oídos y saboreo el recorrido del viento sobre mi, me atraganto del monte, de la luz de la tarde y de la amenaza de lluvia en el horizonte, aquí estoy otra vez, con una valentía en la bolsa y mojando de absurdos mi escape al cielo, aquí en el principio de la verdad, desnudando el cuerpo, y revistiendo el alma de algo nuevo, aún sin color, aún sin edad, que me llevo de regreso a la noche, para empezar mañana, un día, una hormiga más.

viernes, agosto 28

Instante

Ya ves, no siempre estas manos tienen ganas de escribir, pero igual se escapan. No siempre hay mucho que contar, pero igual, sucede que en un trozo de mis sueños se desbaratan lunas, que se caen al mar de unas lágrimas extraviadas, perdidas, azules, mías. No hay esta noche ningún brillo en la ventana, solo tu voz, a lo lejos, tiritando casi a punto del desmayo, casi a punto de ser la línea que traza mi locura por el altavoz, constante se va insinuando por sobre mi cuerpo una marea de desvelo que sube hasta mi pecho, inundándome todo, dejándome tirado a la espera de un no sé qué, de un no sé cuando, de esta desesperación, de estas agruras, de este agravio sin razón, de esta cordura que ya no me viene bien a mí. Y mientras, ¿Qué hacer?, ¿A dónde me largo amor?, si ya no tengo alfombra mágica que me obedezca, ni árboles de vida eterna ni tormentas de ganas lloviznándome por doquier. Hoy no. Esto no es normal, sin embargo, me repito ante el espejo donde se desmorona mi imagen, y aferrada a pequeños tirones de luz, se va mi silueta haciéndole sombra a la pared, que cierra los ojos y espera que le sueñe, que le grite otra vez, aunque debajo de la cama el corazón se escurre, atónito, destartalado y sin vida, casi sin vida, con latidos extraños rezándole a algún extraño dios, ¿y qué más da?, si mañana el hueco estará vacío, las montañas grises, las calles elevadas en los montes a donde ya no puedo llegar. ¿Y la duda?, viva. ¿Y los miedos?, carajo, elevándose, montados en el hielo, en los pequeños insectos que me rasgan la piel, en esta desventura de silbar por un bosque donde no existe el amor, ni hay nada, ni siquiera un hada que me revele una pizca de mí, nada, hoy no hay nada, así debe ser eso que dicen de morir, pero mirándolo todo, mojándome la camisa de incienso, ladrándole a las estrellas, en este desasosiego, me lamento, me pierdo, me desvanezco, y nada más.

jueves, agosto 20

Días de cambio

El autocontrol me ha evitado salir disparado hacia los confines del universo. La luna que guardo al lado del machete oxidado y el alebrije escondido en las telarañas, insiste en asomarse con ganas de pedir permiso para volar. Yo me pregunto si lo más adecuado sea desamarrarle las alas al sillón y dejarse llevar. Si. Quizá. Del otro lado del cuarto he visto que la organizada revolución de los libros ha empezado a tomar forma, se sacuden solos, se releen unos a otros y con mirada acusadora me enseñan al que he dejado muerto sobre el escritorio, yo les digo que solo duerme, espera, se relame las hojas a la espera de más ojos. Y es que siempre es así, en los días de cambio, que el corazón se duerme al revés y despierta siempre mirando al sur, como queriendo emigrar, pero se queda, aferrado a los sueños de irse a navegar por la espalda de algún día de estos, resbalándose en un barco de papel que recorra todas las bancas de la ciudad. Nada más se trata de aprender a navegar en nuevos mares, dice. Tan solo se trata de abrir la ventana y averiguar de qué se trata el nuevo día de hoy.

miércoles, agosto 12

Mientras tú duermes... (02:15 AM)

...yo me siento aquí, frente a esta luz que me quema los ojos, y pienso en la espalda que se me rompe esta noche y en las ganas que me hacen recostarme y explotar pensando en ti; y así me voy, disperso, hecho trizas, con las manos hundidas en tu cuerpo imaginado a mi lado, y me lleno de estos instantes para toda la vida, para ser el verdadero yo que se escapó de aquel cajón, escurriendo letras, miedos, tropiezos, y hoy me dejo guiar por las manos, que bailan, se ríen y juegan por toda tu piel. Mientras tú duermes yo te sueño, soñándome, Luna.

domingo, agosto 9

Muchos Más

No quiero que se me vaya el día sin dibujarte un millón de besos en el cielo, ¿has notado que el viaje nos parece aún eterno? Y apenas son seis años luz redescubriendo el universo, haciéndonos pasar por cosmonautas sin conocimientos previos de tecnología espacial, y que más da, si puedo estar meses perdido en el espacio entre tus labios y esa cadera, esa cordillera de sensaciones donde a veces sueño que caigo, y despierto con la sonrisa de idiota (la misma de siempre) creyendo que en cualquier momento la señorita Luna me gritará desde una ventana: ¡despierta baboso!, solo fue una broma, y con aspavientos, aullando: ¡que pase la realidaaaaad!, y de la boca negra de aquella puerta, solo salga caminando un día normal, un día sin ti. Pero ya te digo, no quiero que se me vaya el cielo sin alzar la vista a tus ojos y rezar, por más días de nosotros, sillones con películas y calles vacías para caminar y bailar tranquilos. Muchos más.

miércoles, agosto 5

Sentimiento, noche

¿Sigues aquí?

Todo es oscuridad, frío,
mis pies descalzos huyendo por la orilla del colchón.
Luna afuera fría y plata,
como nunca antes difuminando a la ciudad.
La tela ligera que se sacude
y cubre mi cuerpo entero otra vez,
pero hay luz, tenue,
acariciándome la espalda.
Respiras.
Y mi brazo serpentea tu espalda
y me cuelgo de ti.
Sigues aquí.
Tu abrazo amanece al mundo,
tu abrazo se asoma por encima de las montañas
y me baña de sollozos de niño,
de danza sin canción,
mirándote, para siempre,
a mi lado.
Cierro los ojos otra vez
y la sonrisa se me escapa
navegando en un sueño de paz.

Si piensas aún en mi 
Te espero por aquí.

martes, julio 28

Si un día te vas

Si te vas, quizá me asome a la ventana un poco menos que ahora. Yo sé que estás lejos, pero a veces me da por asomarme e imaginarte andando descalza por mi calle viniendo hacia acá. La imagen que más me gusta es cuando cargas con tu mochila. Llena de besos. Llena de abrazos. Y en el cielo se leen mis ojos gritando tu nombre, cayéndose como avalanchas de luz, toditos para ti. Si te vas quizá me quede aquí. Con los dedos engañados esperando que un día vayan tus manos a volver hacia mí, hacia las caricias que les guardo en mis bolsillos, así pienso, quizá, que si te vas, habrá muchos caminos que recorrer para buscarte, hasta encontrarte, y si no existes, volverte a soñar.