Luego, me encuentro en el bolsillo del pantalón ciertos instantes de esos para voltear a ver el cielo, reír, suspirar, caminar.
Y salir rumbo al terminal de autobuses a comprar un boleto para buscarte en tu enorme ciudad.
Bienvenido a mi mundo. Verás algunos monstruos por los pasillos, procura no asustarlos, se enamoran al primer suspiro.
Luego, me encuentro en el bolsillo del pantalón ciertos instantes de esos para voltear a ver el cielo, reír, suspirar, caminar.
Y salir rumbo al terminal de autobuses a comprar un boleto para buscarte en tu enorme ciudad.

Me quedo descalzo a mitad del cuarto color azul, pensando en perderme para siempre en la distancia, ser una crayola que dibuje un camino instantáneo como en las caricaturas (creador de caminos marca ACME) y recorrerlo en instantes para abalanzarme a besos sobre ti. De recuerdo, en noches como esta, acaricio la imagen de la luna, en el espejo, que hoy se pinta de amarillo y se peina extravagante de rayos con sonido de mar, allá arriba donde todo está tan quieto como mis ojos, expectantes, un tanto divagando como queriendo pretender que les crecen alas, para mirarte más de cerca, y todo eso, ya sabes, en el delirio de extrañar así.
Estos días ya sin ti, el sonido mudo de mi respuesta inexistente, a la voz sorda de tu pregunta necia. La nada que llena la tinta de esta letra que miente mi todo invisible e intangible que es tu presencia. Contradicciones absurdas que subsisten, al meteorológico huracán de tu presencia figurativa. Lógica abyecta, infundada, irreflexiva e impertinente. Dialéctica justificante de tu deserción permanente, senil demencia de mi relativa juventud. Esquizofrenia unificadora de tus ausencias sentencias dictadas por mi muerte en plenitud. Destrucción edificada en ese sin ti de estos días.
Lo siento...
He dejado de leer porqué encuentro que las letras se han vuelto una maldición demasiado terca como para hacerla desistir de confabularse contra mis cinco sentidos, en el aspecto de desparramarse de tal manera sobre mi entendimiento que suelo empezar a confundirlas con un enorme batido de nubes que ha caído al azar adivinando las coordenadas exactas de la cortina de la ventana por donde espío a la luna cada que hay lugar. Por eso, digo, no tiene sentido, ¿lo ves? Todo fuera como soñar.
ya llego por quien lloraban (pero quien lloro? ... nadie ) Unas merecidas vagaciones otra vez aquí o allá igual no importa ¿quien me extraña?
Silencio para las palabras huecas. Silencio, por el bien de todas las cosas buenas que habrán por venir, incluso si vienen en forma de apocalipsis, escrituras de profetas perdidos, o anuncios de amor perdidos en la sección del clasificado. Silencio para soñar. Y gritar, otra vez.
Con cariño a la bolita rosada y bola azul...
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