jueves, noviembre 5

Es Viernes

Es viernes. Las cosas siguen sucediendo como se supone que deben suceder. No hay grandes sobresaltos. Pero hay cambios y los cambios siempre, por definición, nos provocan sobresaltos. No es cierto. Ninguna definición. Es culpa de los dedos y del color rojo. Zapatillas rojas y pantalón azul. Botella de agua azul. Cielo azul pero frío. Aire acondicionado. Lo normal afuera es calor. Desvarías porque es viernes y porque antes era cosa de lo más normal. Música en la oficina. Todo mundo en su mundo. El propio mundo en su mundo y más allá los mundos en sus mundos. Mundillos por doquier. Cosas que no importan. Letras sueltas. Frases sueltas. Bitácora inconexa. Se ha perdido la razón. La razón, que es una perdida, de vez en cuando se asoma y enamora a la cordura. Así solía hacerlo antes. Veinte poemas de amor volvían la tarde en una canción desesperada. No tiene caso. Se murió la poesía. Se murió en un cuento. El cuento, como suele pasar, tiene un protagonista que no sabe lo que pasa y al final se muere. Todo se muere. Se nos muere. Dónde quedó el frijolito que viste nacer de un pedazo de algodón. Clases de etiqueta para el fin del mundo. Para el olvido de la infancia. Deja atrás las zapatillas. Cuélgalas. No de morirse. De aventarlos a los cables y que allí se queden para siempre. Sácales foto. Cuéntaselo a tu diario. No dejes que las escaleras te metan el pie otra vez. Lo que pasa es que ninguna escalera es perfecta. Los escalones están locos. Se mueven. Como en una novela. Cambian de posición. Las letras se deprimen. Eso es. Depresión. Depresiones por todos lados. Minúsculos cambios en la dirección del viento. Risas en fotos. Manos diminutas que se aferran a la tuya y le dan razón a la vida. Debe bastar. Ganas por todo el cuarto. Libros de poesía de colores. Orden. Mucho orden. Eso es falso. La casa es grande. Duele el hombro por falta de costumbre. Antes, a estas horas, soñaba con escapar lejos. Ahora quiero largarme cerca, a cinco minutos. A un minuto al futuro. La máquina del tiempo funciona. Pero no deja llevar poesía. Se murió. Te decían poeta. Te decían regálame un poema. Mataste al poema. Se le corta la cabeza. Se cocina. Se cuece. Se sirve sin cabeza. Poema decapitado. Letras mochas. Letras disolutas por la ciudad. Letras falsas. Puntos y seguidos. Comas. Guiones mal puestos. Descubrimientos. Montañas escondidas en la ventana. Así suele pasar el día. Ideas sueltas para no perder la cabeza. Ideas perdidas. Ojos que buscan nada. Maullidos. Ronroneos. Ladridos. Graznidos. Teclas de color rojo. El rojo otra vez. Tantas veces. Ya nada sirve. Fue. Será. Es viernes.

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