lunes, marzo 10

Su lunes

No es tan justo para los lunes regalarles letras un tanto desquiciadas, aunque a fin de cuentas, un lunes por las calles de la ciudad, debajo de la luna, del smog, en una mañana de café y filosofía, sea por si misma una desquiciada rutina que ya quisiera tener para todos los días, aunque igual, siendo lunes, siempre me faltarías tú. Me estuve paseando con los ojos por esas calles marrones y extrañas, con la música en los oídos y tu nombre en la piel, y decidí venir en lunes a dejar las letras que me hacen falta, las que me formen un beso en la frente, un sueño en la espalda, un golpe en las piernas, una venida al cielo como mi despertar de aquella misma mañana, y así, rodando ciudad abajo, hasta las nubes de la mía, caerme despacio, sabiendo que ya no hay ojos por encima de mi, aunque quizá si pisándome los talones, que mas da, es una de esas semanas letrosas donde las manos deciden empezar a escribir solas esta y otras historias, una maraña más de letras, de brillos hechos palabras, de mis ganas, de mis pasos dibujados hoy, desde donde te extraño, desde donde miro el camino dejado atrás y extraño, también, los sueños que irían a borrarlo hacia adelante.
Sigo aquí extrañándote y no sé por qué...¿?

miércoles, marzo 5

Solo en su cabeza

Ayer se me ocurrió aparecerme afuera de tu casa, con maletas vacías, mis manos llenas de tu imagen y un beso antes que pudieras decir: hola; en el coche, una jirafa disfrazada de bombero, dicen que son buena compañía para un viaje, mi perro, tus peluches y un jarrón sin flores para guardar los poemas que te compre en el camino; yo iría vestido de mago, claro, y el pecho dibujado con colores como los que usas en tu pantalón, con líneas guía para aprendernos el camino a la huida de la memoria; en la cajuela, echamos los miedos de los dos, para visitarlos de vez en cuando y comerlos embarrados de maracuyá, para que sepan menos amargos, y griten menos cuando los aventemos a la orilla de la carretera; si, ya sé siempre soy abrupto y me aparezco cuando menos esperas en tu mente, me meto cuando besas y te preguntas por que carajo insisto en tocar tu puerta, en mirar tu vientre y en soñarte lejos, muy lejos, conmigo, y la jirafa contando mongochistes de borrachos atrás. Y sin embargo, ¿Qué dirías? Si se me ocurre aparecerme afuera de tu casa... con una flor en la mano, diciendo: Hola maracuyá, ¿Cómo estás?... 

jueves, febrero 27

El Astronauta

No siempre lo que ves en los ojos de alguien es amor... a veces es solo el eco de lo que tu corazón desesperadamente quiere sentir. Imagina estar sentado frente alguien especial, observando cada detalle de su mirada, cada gesto, te aferras a creer que sus pequeñas acciones son pruebas de un amor que esperas, pero con el tiempo te das cuenta de que el amor que percibías, nunca estuvo realmente ahí... no en ellos al menos, sino en ti.

Cuantas veces confundimos nuestra expectativa con la realidad, no es debilidad sentir pero es importante diferenciar entre el amor que ofrecemos y el amor que recibimos. Si alguna ves inventaste un amor, no te castigues por ello, agradece que tu capacidad de amar es tan grande, que incluso llenó los vacíos de lo que otro no pueden darte.

martes, febrero 18

Historia de miradas

Querida Luna:
Te vi de madrugada. Apenas un momento, y te asomaste entera, hermosa y sin prejuicios, luchando a favor de este nadie que soy y rescatándome de una noche ajena. Yo me quedé temblando, aún lo estoy. Deslumbrado todavía, en los pasos que siguieron y dimos juntos, lo que antes entró por la mirada, suavemente se llegó a mi pecho por camino desconocido.
Te vi, y yo pensé que eso me bastaría, que tu imagen sería suficiente para tomar fuerza y regalarte el collar de besos que imaginé para tu cuello. Pero no, no fue suficiente. Necesito colgarte cien suspiros al oído y recorrer tus lunares con mis labios. Y necesito que mis manos se dibujen en tu cintura, que tu boca me diga lo que no me dirán tus palabras.

Ya nada basta. No basta con que sueñe que te tomo por la cintura, que te acerco a mí y que a tu cuello llega mi aliento. No basta con pensar que tu tormenta de cabello me estalla en la cara, ni que me piense y te piense conmigo. No basta imaginar que me tienes, que me enseñas a encontrarte, que te dibujas entre mis brazos, que tiemblas y me tiemblas. Consulté mapas que confirman que el tuyo es otro mundo. Ha sido inútil. Esta noche, por ejemplo, me bastó imaginar que desde lo lejos iba a poder verte, y de esta forma se desbordaran los propósitos y razones para enamorarte, para que el corazón y las ganas se desbocaran, y para que un cuello suspirado me robara todo el aliento.

Luna, yo sólo quería decirte que me gustas y que quería acercarme a ti. Pero acercarme como un hombre se acerca a una mujer que le gusta. Algo así como tomarte de la cintura y acercar tu pecho al mío, acercarme a tu cuello, decirte algo tierno y dulce al oído, llegar a tus labios con un beso, intuirte un sueño si mi abrazo te tomara prisionera la cintura, soñarte soñando conmigo. ¿Hago mal en pensarte, en buscarte para encontrarte como se encuentran un hombre y una mujer que se gustan? ¿Hago mal en decirlo o en hablarlo con silencios?.

Yo lo que quiero es encontrarte para invitarte a perderte conmigo, que la piel le hable a la piel el deseo que callan las palabras y que el silencio habla… Espero entonces, tu silencio y tu palabra.

jueves, febrero 13

Tu Cuerpo

Es tu culpa el antojo de cualquier hombre por recorrerte todita simulando pequeños pasos con las puntas de los dedos de la mano derecha, ya sabes, para reconocer de que se trata la sencillez de tu perfección, de tu sonrisa y de tus ojos cerrados soñando con el mar; ya luego viene todo aquel asunto de un par de lenguas que se pierden en distintos bosques, se trata de soñar, ¿sabes?, se trata de nada más reconquistar un cuerpo ceñido al cielo, a la noche que dibuja tu piel llena de estrellas, de relatarte una historia donde tus ojos son el poema con que empieza algún cuento, y cierto orgasmo, como salido de las hojas de algún libro de sol, es la pauta por la que suena aquella sinfonía de un antojo por ser un pedacito de tu piel, que baile y cante arrebatándole el lugar a otros, a todos, a ti...

lunes, febrero 3

Hoy amanecí humano, y solo te supe extrañar

Hoy quise tomarme un rato para extrañar un "buenos días" en las mañanas. Un "te quedaste dormido" en las noches. Tus lunares y las diferentes constelaciones que se formaban en tu rostro. Mis chistes que encajaban perfectamente con tu risa. Una mordida en tu oreja izquierda. Un zarpazo de ganas a tu corazón. Un beso violeta rasguñándome el cuello. Una caminata larga hacia tu casa. Una vuelta al mundo en ochenta suspiros. Una carta de amor desde tu voz caminando con apuro. Un intento de canción desafinado. Una risa tuya colgando viva de mi brazo. Tu boca robándose mi alma para siempre. Mi alma escapándose a tu boca por que sí. La paz cristalina de imaginarte dormida a mi lado. La guerra frenética de hallarte tan lejos de mi antojo.

Hoy quise tomarme un rato para extrañarme como fui el día que te dije que me gustabas por primera vez. Caí de una nube roja ataviado con mi uniforme de guerrero celestial, te miré hecha mar y quise ir a la batalla por ti, aunque sabía que iba a perder las alas, la fe, y el recuerdo de una diosa quedaría tatuado con lágrimas en mis mejillas, y aun así, supe que daría mi sangre y zarparía cursi hacia el horizonte de tu olvido; fue entonces que me confesaste que salías con él, y el sueño tan solo se partió en dos.

Hoy amanecí humano, 
y solo te supe llorar,
solo te supe amar pequeña,
hoy amanecí humano, y solo te supe extrañar.

viernes, enero 31

Llamada no tan anónima

Cogí el celular y marque tu numero solo para probar suerte, estaba seguro que no contestarías pero esta vez la suerte estuvo de mi lado. Una conversación algo extraña, imagine por un momento que estábamos los dos sentados fuera de tu casa conversando como lo hacíamos antes, por horas olvidándonos por un momento de todo el mundo, en ese momento solo estábamos los dos y eso era lo único que importaba. Como ha cambiado todo, aquel arbolito que deje hoy es un árbol ya de un buen tamaño, seguramente hubiera sido un buen escondite para nuestros besos, abrazos y "te quieros" infinitos. Lo malo fue que tenia unas enormes ganas de decirte que te quiero y daría todo por volver contigo pero un "tengo que irme" puso todo a su normalidad, lo siento siempre fui lento y esta vez creo que llegue tarde, pero quisiera conservar algo de la amistad aunque sea para seguir oyendo tu voz.

Luego de cortar la llamada me di cuenta qe se me olvido decirte que te amo más que las palabras, se me olvido de decirte lo mucho que significas para mí, se me olvido de decirte que eres mi mundo y más, ¡espero que recuerdes lo que estoy esperando! se me olvido de decirte que te quiero en mi vida, espero que puedas recordar que siempre estoy a tu lado, se me olvido decirte que siento por mis errores, se me olvido de decirte que te extraño cada día.

martes, enero 21

El vomitante

La sensación no era nada extraña, ni siquiera lo fue al principio, fue como un simple vómito, normal, los músculos fuertes y el intestino retorciéndose para escupir por el esófago, lo extraño del caso era lo que caía en la cubeta al lado de la cama. La primera vez fue un sueño, algo extraño, se sonrojó cuando se halló vomitado y se cubrió la cara con sus guantes azules, palpó la cubeta y lo mojado, se salió, vio la ventana, y saltó al vacío. La segunda y tercera fueron similares, pero habían caído 2 o 3 sueños a la cubeta, el resultado era el mismo, acababan muertos en el macetero del vecino, ensangrentados y sin un zapato, pero con una mueca de risa en la cara. Las siguientes ocasiones, que eran cada vez más frecuentes y más abundantes, empezaron a preocupar al sujeto, que de noche se hallaba preocupado por que no le llegaban sueños nuevos, y en la mañana seguía vomitando algunos viejos, cansados, pero entrañables sueños, cada vez cabían menos en la cubeta, que el sujeto acabó vomitando directo en la ventana, ahorrando a los sueñecillos expulsados la vergüenza del suicidio.

Para el día dieciséis, el sujeto se halló vociferando en la ventana, la sensación de vómito era demasiado fuerte pero ya no salía ningún sueño, ni líquidos, ni voz, nada, el sujeto se fue a acostar sabiendo que ya no tenía sueños, y se dio a la tarea de soñar más, pero no pudo, ya no pudo, y con el tiempo empezó a olvidar, tiró la cubeta, tiró el colchón, y se dio cuenta que ya no quería dormir, no tendría sueños, ni tendría nada que vomitar. Algunos restos de sueños todavía reposaban en un par de macetas que el perro había dejado sin revisar, y al día dieciocho, un par de sueños empezaron a trepar lentamente hacia el cuarto del sujeto, que al descubrirlos, se los tragó, sin pensarlo, luego tomó un vaso de agua y se fue a dormir.

Al otro día el sujeto quiso vomitar, pero el par de sueños evitó a toda costa su salida, se tomaron del brazo y se aferraron fuertemente a una costilla, luego a una vena y luego a algo que latía en forma de corazón. Al día veintiuno, hallaron al sujeto tirado en su cama, en posición de vomitar, una cubeta nueva vacía, los ojos vacíos, y la ventana abierta; un par de sueños corrían por el jardín del vecino presos de una alegría inmensa, corrían fuerte y de la mano, esperando que alguien, en algún lugar, los soñara, y ese alguien, no tuviera cubeta, ni tristezas, ni ganas de vomitar.

viernes, enero 17

Se me quedó la duda

Escribir es como respirar. Miento. Es casi como respirar. Es lo mismo pero más lento. Es ver la vida a modo de cámara lenta. Si dejas de escribir, te mueres. Eventualmente. Por supuesto eso no ocurre para todo mundo. Le sucede a quienes deciden que su vida debe llenarse de libros y de letras. De letras propias. Que no signifiquen nada para nadie o que de vez en cuando signifiquen un poco a un despistado lector. Despistado con la suerte suficiente de encontrarse con algunas letras perdidas. Eso es todo. Escribir una y otra vez para volverse fuerte: para no morir. Para recuperar la locura. Que de eso se trata. Volver al estado natural. Locos. Llenos de libros. Llenos de letras.

martes, diciembre 31

La Ultima y Nos Vamos...

Diez y treinta marcaba el reloj, la pared se adornaba de rojo y se perfumaba en telarañas que con sus hilos de oro formaban figuras dignas del jardín de los dioses húmedos que se esconden bajo las caricias de la lluvia; nueve veces se sacudió la tierra cuando la tos de los relámpagos la despertó del sueño de ser cometa, las colinas estaban agrietadas y los soles del planeta se acurrucaban en sus nubes de algodón; ocho discos comilones llegaron tarde anunciando calzones con una mona de color, dieron vueltas en el piso de vainilla y le dijeron loca a la mantis religiosa que sacaba fotos con un sorbete color sillón; siete arañas patonas que tocaban la flauta se aparecieron en la cueva del ratón, con sus villancicos despertando al grillo y asustando fuerte al queso, con su música que se elevaba colgada de las alas de los relojes que se habían caído de la pared recién pintada ahora de azul; seis pisadas en la alfombra que da a la chimenea anunciaban la llegada del gato feo y sus botas verdes con adornos hechos por el pedacito de canción, con los bigotes quemados y las garras limadas y limones alineados para dar la bienvenida a los poetas de las doce de la noche; cinco segundos más dijo el pavo y estaría listo para empezar a bailar, con sus plumas de colores y la mesa puesta para comer cuentitos adobados, se preparaban las neuronas y los cronopios que venían de lejos a cenar, un fama que se coló gritaba borracho de tanta leche: ¡vaya fiesta si señor!; cuatro abrazos de la rana a su escalera y susto tremendo cuando una media se resbaló, el mago lanzó dragones y cisnes y lunes de color, los vampiros vegetarianos llegaron ya con dientes afilados y listos para ensayar el pasito que el hombre lobo salsero se empeñaba tanto en enseñar; tres cucarachas paradas de manos llevaron las charolas y los dulces para empezar, a tirones la piñata se puso en pie y el palo de escoba se rascaba las barbas preguntando al piratita de cartón por que diablos se comía a besos a la bruja, que no se había sorprendido previo aviso del gandallón; dos toquidos en la puerta pusieron en alerta a los sueños vigilantes, un coche rojo como el vino y otro color melón, se asomaron unas hadas y unos duendes y por supuesto el minuto atrasado que les diera el aventón; uno siempre se pregunta: ¿a qué tanta elaboración?, es que acaso nadie entiende que aquí todos hechos se hacen bola, aquí todos risa y risa y rascando comezón, aquí dentro en esta caja todos vamos bien vestidos, y aquí dentro amasando espirales y apretujando trozos de nube con imágenes dispersas de un camaleón enojón, cero olor a tierra mojada, cochinillas aceleradas para darse un chapuzón, ¡alguien que traiga el cuchillo! gritó la luna en su camisón, y entonces todos juntos la agarraron, la amarraron, la mocharon en mil brillos, y dio comienzo la celebración.

Feliz año a todos los que han venido a embarrarse con mis letras, y embarrados nos lanzamos a otros 365 días de colores, subidas, bajadas y vueltas en sentido contrario. Vamos juntos pues.