sábado, diciembre 21

Posdata

Si acaso quisieras quedarte, nada pasaría. Una fuga de besos constante, un violín afinado en mi risa, los rosales que soñé plantarte, la vida, al fin la vida… Si quisieras quedarte seguiría gritando en la calle ¡hoy ha sido mía! sin ser de nadie. Provocaría tu risa para así poder respirar. Dudo sin ti de la luna, de toda poesía, del paso del tiempo, el tiempo es mentira, se para en la noche a mirarte, yo lo vi vida mía. No me escuches, no te rindas. Elige un lugar en el mundo y yo te llevo de la mano. Sin la tuya solo es hueso, carne, duda, que rebusca entre tus fotos, que te escribe ya es verano, y te desviste infinita. No te salves, no hagas caso. Si pudiera escribir el final de mi vida, estarías viejita a mi lado, en el norte que tanto pedías, y una casa no muy grande, donde quepan descanso y familia. Los rosales de amor ya plantados, y decirte al oído en el último día, me has salvado.

lunes, diciembre 16

Una Tarde Como Cualquiera

Era una tarde casi como cualquier otra. Salvo que mi fe rodaba por las escaleras hecha un guiñapo y mis ojos se extraviaban por la ventana queriendo volar. ¿Has tenido esa sensación cuando despiertas de un sueño tan exacto, tan preciso, y los diamantes que te habías encontrado no son ni ceniza en el bolsillo de tu pantalón? Así me siento casi diario, al menos últimamente, no sé que he perdido ni sé que he dejado de hallar, solo sé que no encuentro algo que no perdí y que he olvidado algo que nunca tuve; de cierta forma, también acepto que tanto tiempo conmigo mismo empieza a crear una revolución suicida de neuronas en mi cerebro, y se van agarraditas de las manos hasta el precipicio más cercano y entonces, sin más, se rompe un axón tras otro y se dejan caer a la muerte más sencilla que han podido idear, arder en el olvido. Luego me doy cuenta que este eterno monólogo tan dispar entre mi y mi se vuelve monótono, pero nunca aburrido, sigo siendo distante en mi forma de tratarme y sigo siendo bastante ecuánime a la hora de convencerme de no llegar nunca a donde no debo ir; y casi siempre lo logro. Doy la vuelta a la manzana y llego a la glorietita donde mi alma se mareó de tanto buscarse a si misma (muy al estilo de Chaplin dándole vueltas a una mesa perseguido por algún matón), y me regreso siempre pensando en que me he vuelto a poner una media de uno y otro de otro, la sensación de perder algo sigue y mejor me regreso a esta celda, un poco aterciopelada por mis melancolías que peregrinan a mis ojos en las mañanas de tomar café, pasar por el pedestal y ver a las palomas cagar al mundo, y yo ando en cuatro ruedas a la rutina que no me molesta, pero que me incomoda los sueños de ser carretera y huir. Si aquella era una tarde cualquiera, las demás se han vuelto extraordinarios recordatorios de lo embelesado que me vuelvo cuando miro al cielo cambiarse de camisa, y de repente, es negro y llora, como yo, y por momentos tenues, se viste de color y acecha a las flores con sus rayos de sol, como yo. No sé, a veces creo que me invento el cansancio, que me invento que el mundo está dándose un tiempo conmigo y que no me quiere ver por ningún lado, pero el espejo no sabe mentir, y recurro a ser un indigno paseante por la espalda de los acongojados segundos que me presta el día, y le bailo despacio al antojo de una lengua en mi sexo, cierro los ojos y me estremezco pensando en los encuentros casi casuales cuando te imagino antes de dormir y casi te siento acostada por encima de la luna; pero luego, la música se viste de loca y se va. Y así, por tiempo indefinido, sigue mi fe cayendo despacio, se escapa del convento de nubes asesinas y de paso se roba a mi alma que se había decidido en regalarse al diablo, y antes de profesar sus votos eternos, salen corriendo y relampagueando sonrisas para llegar y repegarse junto a mi. Demasiado imperfecta, la soledad, quiero decir, por que a veces viene a saltos, y asalto la lujuria de tenderle una trampa para que se vaya por siempre lejos de mi, pero tampoco me atrevo, ¿Qué hombre en su sano juicio quiere vivir sin sentir sus besos pegajosos de hastío y la comezón de un corazón hecho polvo resbalando por los huesos?; la soledad es sencilla, pero insisto, imperfecta, por que casi siempre viene cuando uno intenta (o sueña) ser feliz. Ayer volví a tener esa sensación extraña de haber estado viviendo lo mismo una y otra vez, sabía las frases que seguían y conocía las respuestas a mis preguntas que aún no me decidía a formular, en el camino, por aquella colina donde siento que me elevo hasta la cima del mundo y luego la brisa del vértigo en bajada me pellizca un cachete para torcerme las ansias de ser ave; todo este asunto incomprensible y problemático de dudas y existencias tan febrilmente frágiles que he estado experimentando, puede también ser resultado de los gritos del sueño arañándome la espalda, mi cama susurrando que vaya a mojarla y una musa azul espiándome desde el mensajero. Tantas letras absurdas para decir nada. Estoy triste. Extraño y no sé pasar los días sin su risa, extraño y no se caminar sobre estas aguas de fotos y el barquito de papel que se tambalea, se muere, pero curiosamente, no ha aprendido aún a zozobrar. Pero si, era una tarde casi como cualquier otra. Salvo que mi fe rodaba por las escaleras hecha un guiñapo y mis ojos se extraviaban por la ventana queriendo volar.

lunes, diciembre 2

Espasmo

Ser un espasmo, desaparecer al momento que nazco, esfumarme como una palabra en el viento, en distancia y ya no ser, ya no estar aquí para seguirte extrañando, eso le pedí al espejo otra vez.

Esperar en una nube, ser lluvia y caer sin que me duela, caminar levemente por el campo sin darme cuenta que ahí estoy, no tener siquiera apreciación de lo que vea, ser ciego del alma y sordo del espíritu, para no llorar por tu piel de ángel que se me fue, para no voltear tu foto y pretender que tan solo nos enojamos por 5 minutos, como antes, y que antes de dormir me abrazarás tiernamente por la espalda.

Ser mi mano limpiando mi frente, ser un trapo o un retazo en la máquina de coser de mi madre, dormir despacio y sin prisa de despertar antes que nadie, antes que tú, ser el sudor que se me escurre sin sentir mis temblores, sin sentir que debajo hay un muerto que te escribe, y se sienta despacio para no desmoronarse hoy.

Encontrar debajo de mi sonrisa el verdadero rostro que te extraña, ser la voz en mi interior que intenta dibujarte en el olvido, que te pinta de gris para confundirte con los recuerdos que se me han escondido, con los suspiros que te guardo para sellar estas cartas etéreas, con los ojos de mi almohada, con la música que se muere, con los poemas que me abandonan y se van en voces de otros, en voces de tu fantasma que ayer pasó por aquí, y me recordó tu caminar y mi escandalosa manera de ya no ser yo.

Ser un espasmo en tu vientre, desvanecerme en un suspiro al mismo momento de dar el último paso de mi vida, ser la luz del libro que se pudre en el librero, lleno de amores viejos y rastreros, lleno del cadáver aquel que todavía piensa en ti, del niño en la esquina del barrio que soñaba con tu leyenda, de las manos que ayer te escribieron esto, y que mañana se eleven al viento, desnudas, recorriendo tu piel, soñando, vacilando, escribiendo.

Ser el mar en que lloverá la luna y ser espasmo de cielo, cielo rojo que apasionado vierta al mundo su luz, sol inclemente que mate ogros en el bosque y convierta a orugas en viejas y olvidadas estatuas de sal. Ser destino inútil y desesperado de pasiones, estrofas cansadas y viejas trovas de caballeros sin armadura y sin dragones que matar.

Ser el agua que nace en ti, ser la parte olvidada de las lágrimas del viejo alebrije azul, de los viejos dioses perdidos entre rocas y forestas. Ser la muerte que me lleve, que me suelte de sus alas y me deje caer, sin suerte,
y caer despacio, como luna que llueve, en ti.

martes, noviembre 26

Hasta diez

Deberíamos contar hasta diez cubriéndonos los ojos, y luego buscar a las palabras que juegan a las escondidas en el jardín. Las palabras silentes en el musgo. Las que llueven en tardes de otoño en las banquetas desquebrajadas de la ciudad. Las torpes y las tambaleantes. Las que nos despiertan entre sueños el deseo eterno por acechar su piel. Las palabras vivas de hombres muertos. Las entrecortadas en canciones y rumores de tormenta. Las palabras blancas de esperanza. Las palabras enardecidas en la selva. Todas las que han perdido alguna letra por bailar tangos en la madrugada. Las palabras de amor. Las palabras que nos tiran al suelo de tanta risa. Las palabras que erotizan en los labios del viento nocturno. Las palabras ciegas, en blanco, olvidadas, dormidas en las bancas del parque. Las suicidas. Las palabras tercas del vagabundo. Las palabras que echan raíces a los pies de la montaña. Las que escampan de madrugada en algún cuarto de hotel. Las palabras en tonos azules de los amantes. Las que dictan el principio antes de preocuparse por el final. Las palabras tristes en la savia de los robles. Las palabras envueltas en risas de niños. Las etéreas en manos de los locos. Las palabras en rezos de la noche en vela de las madres. Las calladas del padre. Las que curan del mal de ojo. Las palabras dormidas en la corteza del bosque, que guardan murmullos de hojas, dragones insomnes, sirenas perdidas que cantan historias del mar. Las palabras rojas de libertad. Palabras llenas de verdad. Palabras llenas de sudor. Las palabras que se esconden en la yerba, entre el granizo y los pies descalzos del campesino. Las que sonríen y no quieren morirse de frío. Las que oscilan en la línea amarilla que nos separa del fin del mundo, del sueño de paz, del grito unánime por perder la ropa y volver a nuestro estado animal. Las que te sueñan, escondidas entre las pequeñas ciudades de duendes en el laberinto, esperando que cuentes hasta diez.

lunes, noviembre 18

Texto sin sentido en una noche de verano

Mira que sinceramente hoy que llegando a casa no me encontré. Mi casa es mi cuarto, mi computadora, mis libros, el olor a perro (que tanto odian), mi escritorio regado, la colección de canicas, el recibo del celular que sigue llegando sin invitación, los discos apilados encima del equipo de sonido, el celular callado, el ratón sin cola pero con una luz roja prendida abajo, el poco calor de este cuarto, una araña desdentada que me mira con cara de ¿Qué haces tú allí?, los papeles de trabajo pendiente, el papel tapiz de un mundo lejano, un control remoto que no sé para qué sirve, las manos cansadas, los corajes reprimidos, el ruido de la tele, los audífonos nuevos, unos posters que aún no están clavados, la pared que se quiere desmayar, el techo que hace ruidos, el internet que no cortan, este teclado manchado, mi música, la cama rechinante, la luz que parpadea porque dicen que hay huelga por allá, los cajones llenos de cosas que no uso, ni usaré, ni sabría usar, la ropa arrugada, los papeles apilándose para escapar de la caja de cartón de reciclados, mis sueños imaginados esperando quien los lea, Facundo Cabral hablando de amor, una lágrima salada, los pies ausentes, el cuerpo dolido, las fotos que me quedan, los recuerdos, todo esto es mi casa, pero no me encuentro, no me hallo, me pierdo entre tanta insignificancia, no tengo nada que hacer aquí, y sin embargo estoy aquí sentado moviendo los dedos, los dos dedos, o tres, porque creo que si acaso uso tres, no sé, el teclado no se queja de la ausencia de los otros, yo solo sigo buscándome, que curioso que no me hallo en internet, pongo mi nombre y no aparezco, que chistoso, si llegara alguien quizá me hallaría aquí, digna pieza de museo de lo patético, revisando fotos viejas, como quien se mete a cada una y revive ese preciso instante, ha de ser por eso que no me encuentro en este revoltijo de cuarto/infierno, ha de ser que ando dando vueltas por las fotos, y ya no sé que música me gusta, y ya no sé como reaccionar cuando alguien pasa su lengua por mi cuello, solo respondo igual pero pensando que no me hallo, que me he perdido, en canciones, fotos, voces, últimamente me pierdo en casi todo, por fortuna, empiezo a perderme también a la hora de dormir, así, amanece y ya no soy, ya no me hallo, ya me fui, te llevaste todo, casi todo, carajo, ¿Cómo me iba a encontrar? Si me traes colgado en un suspiro, en recuerdos, de lo que ya no somos, ni seré, ni serás, ni seremos, ni fuimos siquiera.

¿A alguien le importa si me pongo melancólico antes de dormir? Espero que no, tengo planeado hacerlo, justo cuando me pregunte a mí mismo: ¿estás bien? me diré que "sí", voltearé la almohada llena de sudor, e intentaré buscarme en sueños, al cabo, ya sé que no me hallo.

lunes, octubre 28

No saben de ti

¿Es una despedida? - pregunté. No, yo no he dicho nada - dijo ella; pero hasta el sol lloraba, sus ojos decían adiós y aquel beso supo a eternidad. Luego se fue, me fui, y estas letras vuelven a caerse de su barquito de felicidad.

Ni siquiera tengo ánimos para escribir, siento que el corazón me sobra en este cuerpo, que meto las manos por la garganta y lo quiero sacar pero no lo alcanzo, y lo escucho, latiendo, muriendo, en algún lugar de mi pecho, roto, hasta el carajo de amarla, y cansado por los besos que le deben, pero no lo alcanzo, no lo puedo sacar, habrá de quedarse ahí medio latiendo hasta que deje de hacerlo o hasta que consiga un músculo sustituto para el acarreo de la sangre al cuerpo que también se muere, como que se pone en huelga, porque todo se cae y todo se agazapa debajo de mi cobertor verde, las piernas se niegan a olvidar la mano que las apretó alguna vez de camino a su casa, los dedos se niegan a dejar de sentir su pelo, los ojos se niegan a borrar su perfil atrapado en el cielo anaranjado de hace rato, la cabeza se niega a parar de darle vueltas a su imagen, la boca dice que el beso es suyo y nadie se lo puede quitar, y el corazón asoma los ojillos y deja una nota de suicidio en algún torrente con dirección a la nada, lleva fecha y lleva pedacitos de alma, pero los oídos se hacen los sordos al grito de auxilio del estómago con hambre, y obligado el cuerpo, mira, escribe, para que este pedazo de papel no quede tan vacío como debiera, letras sin corazón, sin alma, llorando, y con ganas de dormir ahora si para siempre.

Ah maldita madrugada, me dueles como si tuviera corazón...

jueves, octubre 10

Como una lluvia... Como un trueno...

Todas las hojas que escribí,
todo este tiempo que leí… fue solo práctica,
han sido ensayos para tu llegada;
pues quiero darte cuentos perfectos,
contarte mil historias de sirenas,
almidonarte el cielo y puedas pintarlo entero con tu risa.

Te espero con incertidumbre, con miedo,
pero con un jardín lleno de flores en mi pecho;
te espero con mis nubes, con mil arcoíris en mis ojos,
con una luna que te pondré de hamaca;
con un carrusel hecho de besos, un castillo de princesas sin ogros.

Te escucho venir con tus pasos pequeños,
con tus latidos gigantes;
te veo tan lejos y aun así abrazando mis dedos con tus manos;
te siento como un sueño entre mis brazos;
estoy listo para ti, para quererte como nunca quise en años.

jueves, octubre 3

Sobre los besos

Los besos que uno recupera después de imaginarse un sueño suelen ser los más cálidos, los más largos y los más dulces. El beso que se asoma en la obscuridad de una calle, es un beso bastante adictivo, sobre todo tomando en cuenta que es un beso nuevo, porque haberlo imaginado no cuenta mucho cuando su realidad de calor te traspasa la memoria y te tira todo lo malo, para dejarte esa sensación de tener la mitad del cuerpo congelada y la mitad solo exista dentro de ese beso, como si debajo de la lengua lo único que vive es la piel tocada por esa boca.

Hay besos que entre luces rojas, amarillas y verdes despiertan a la piel, la ponen chinita y la dejan inyectada de un brillo especial, con un pequeño piquete en la espalda, te recuerda que la piel de gallina es un traje considerablemente cómodo para días de aires frescos como este, y que bajo el sol, no necesitas ocultar las mejillas rojas ni las manos sudadas o la boca ansiosa de más.

Los besos por la espalda, contrario a pensarse de ellos como traicioneros, resultan verdaderos redentores para las curvas cosquilleantes del cuerpo, que a veces olvidan su función de darle forma a los ensueños, mientras el beso recorre los lunares, uno se le abraza como puede al atacante beso y pelea por no ser succionado para siempre en una caricia sin par.

Hoy he notado que las manos no tienen tan buena memoria como los labios, porque aún tengo el sabor de tu beso en la boca, pero las manos insisten en imaginar tu forma y de aferrarse a las mías para simular tus ganas, tu calor y el descubrimiento aquel que nos estremeció al mismo tiempo, causante luego de que los ojos se cerraran y las sensaciones se convirtieran en gobernantes de dos cuerpos un tanto aturdidos, pero despiertos y con ganas de comer.

Amanecí con el extraño bien de ansiar tus besos de mañanita, son las mismas ansias que no me han dejado dormir nomás por que traen la idea que regresarás pronto a cumplir la dosis diaria de besos, que aquel beso primero fue el inicio de una hermosa historia digna de ser escrita en algún cuadernito de bolsillo. Aquí es donde confieso que me he enamorado de ti.

Los besos que uno recupera después de imaginarse un sueño suelen ser los más cálidos, los más largos y los más excitantes... y el sabor que dejan le recuerda a mis manos la foto que te sacaron, le recuerda a mis oídos la voz de aquello que leíste, y le recuerda a mi brazo tu mano que se acomodaba aquella noche en la fogata, para luego entregarte un pedazo de mi alma y sentirme tuyo para siempre. Lo malo de tu beso, es que crea adicción. 

viernes, septiembre 20

Vértigo

Sería muy simple amor, te quitas el cielo, quemamos los papeles que te atan al sol, le tapamos la boca a la luna, nos escondemos de las estrellas y nos escapamos al mar; y ahí, entre caracoles y atrapasueños tejidos de tu pelo, nos volvemos dioses, y que el mundo siga dando vueltas escalera abajo, que siga cayendo la fe.

Ya no solo distancia, ahora hay silencio entre los dos. Y ahí estamos, como espejos inertes, las manos colgando y los ojos largos, mirándonos desde nuestros miedos, desde mi esperanza, desde el andén donde te espero, hablándonos en silencio y a gritos de nada. ¿Qué hago con todo esto pequeña? Se lo vendo a la primer nube que quiera pasar, al primer río que me moje las piernas, a la primer llovizna que venga y me haga nudo los brazos, y me quede tiritando, sin nada que dar, sin nada para soñar.

martes, septiembre 10

Se me quedó la duda

Escribir es como respirar. Miento. Es casi como respirar. Es lo mismo pero más lento. Es ver la vida a modo de cámara lenta. Si dejas de escribir, te mueres. Eventualmente. Por supuesto eso no ocurre para todo mundo. Le sucede a quienes deciden que su vida debe llenarse de libros y de letras. De letras propias. Que no signifiquen nada para nadie o que de vez en cuando signifiquen un poco a un despistado lector. Despistado con la suerte suficiente de encontrarse con algunas letras perdidas. Eso es todo. Escribir una y otra vez para volverse fuerte: para no morir. Para recuperar la locura. Que de eso se trata. Volver al estado natural. Locos. Llenos de libros. Llenos de letras.