martes, septiembre 3

Historia de miradas

Querida Luna:
Te vi de madrugada. Apenas un momento, y te asomaste entera, hermosa y sin prejuicios, luchando a favor de este nadie que soy y rescatándome de una noche ajena. Yo me quedé temblando, aún lo estoy. Deslumbrado todavía, en los pasos que siguieron y dimos juntos, lo que antes entró por la mirada, suavemente se llegó a mi pecho por camino desconocido.
Te vi, y yo pensé que eso me bastaría, que tu imagen sería suficiente para tomar fuerza y regalarte el collar de besos que imaginé para tu cuello. Pero no, no fue suficiente. Necesito colgarte cien suspiros al oído y recorrer tus lunares con mis labios. Y necesito que mis manos se dibujen en tu cintura, que tu boca me diga lo que no me dirán tus palabras.
Ya nada basta. No basta con que sueñe que te tomo por la cintura, que te acerco a mí y que a tu cuello llega mi aliento. No basta con pensar que tu tormenta de cabello me estalla en la cara, ni que me piense y te piense conmigo. No basta imaginar que me tienes, que me enseñas a encontrarte, que te dibujas entre mis brazos, que tiemblas y me tiemblas.
Consulté mapas que confirman que el tuyo es otro mundo. Ha sido inútil. Esta noche, por ejemplo, me bastó imaginar que desde lo lejos iba a poder verte, y de esta forma se desbordaran los propósitos y razones para enamorarte, para que el corazón y las ganas se desbocaran, y para que un cuello suspirado me robara todo el aliento.
Luna, yo sólo quería decirte que me gustas y que quería acercarme a ti. Pero acercarme como un hombre se acerca a una mujer que le gusta. Algo así como tomarte de la cintura y acercar tu pecho al mío, acercarme a tu cuello, decirte algo tierno y dulce al oído, llegar a tus labios con un beso, intuirte un sueño si mi abrazo te tomara prisionera la cintura, soñarte soñando conmigo. ¿Hago mal en pensarte, en buscarte para encontrarte como se encuentran un hombre y una mujer que se gustan? ¿Hago mal en decirlo o en hablarlo con silencios?
Yo lo que quiero es encontrarte para invitarte a perderte conmigo, que la piel le hable a la piel el deseo que callan las palabras y que el silencio habla… Espero entonces, tu silencio y tu palabra.

martes, agosto 27

Quería hablar de amor...

Las piernas largas,
la camisa arrugada.
Un hurto, una mentira
y del pescuezo el alma
por pasión apañada.
Y estas enmohecidas ganas
de decirte en serio mi sonrisa.

Me pregunto
qué buscas en mi que está en ti.
Un mil de ideas distorsionadas,
abuso de rimas forzadas,
voy con tus piernas largas
y mi camisa arrugada.

No tengo nada,
la piel se me encuera
por dentro y por fuera
y pregunto qué busco en ti
que tengo yo,
monótono, rutinario…
Ordinario… Normal…

¿Acaso busco en ti unos trinques?
¿Un lazarillo?,
¿un confidente para mi perro?
¿o un te quiero?
¿Un te quiero?
Ah caray…

Y me llevan las piernas,
las ansias y la camisa,
al pecho injertada la mentira.
La inspiración en la tinta
y la pasión la tengo empeñada
con Don Chon, el usurero.
Él vende fe,
caricias, pasión,
amor verdadero…
Puntería por cinco céntimos,
al que abono cada semana
eslabones para mi cadena.
Pa mi condena, ya ven…

Y me llevan las piernas,
las ansias y la camisa.
No quiero relojes,
jornadas de trabajo,
oro ni plata.
Esta noche, mamita,
lo único que quiero es romper tu piñata,
rodearte de dulces,
regalarte las frutas.

Poeta me quiero
y poeta te quiero.
Si la poesía eres tú
no quiero terminar de funcionario,
jamás volver a tener un amo
ni ser usurero.
Sólo tengo un montón de ganas por decir
Te Quiero.

martes, agosto 20

Pedacitos

Sonó como un almohadazo, ¡plooof! Aquel “te quiero” no confesado, me desmoronó en mil pedacitos. Caí por todos lados y el viento empezó a hacer de las suyas, acabé revuelto en una marejada de mis propios pedacitos y luego estirando la mano formada por varios pedacitos resueltos a no dispersarse, logré cerrar la puerta. Empecé a buscarme con la mirada pero un ojo veía izquierda y el otro miraba cielo, los pedacitos muy revueltos y los colores asustados, pero todos riendo, empezaron buscándose por las cosquillas y acabaron hallándose en un coscorrón, buscando emociones y sintiendo su lugar en rasguños, jalones, patadas y piquetes de ojo, hasta que la luna me reflejó enterito, flotando encima de una hoja y cayendo lento sobre el teclado, y pude ver mis manos y mi aliento apresurado, y pude ver mi risa y pude ver mis pies moverse con los nervios de una mano rozándome la espalda, y los dedos, enteritos, imaginando un “yo también”, y luego, como era de esperarse, un lejano y sordo ¡plooof!

miércoles, agosto 14

Arroz con leche y un marinero contando cuentos de sirenas

Las historias deben ser simples. Pero los humanos nacimos con cierta tendencia a desmenuzar los sueños y a entretejerlos complicadamente a cada paso que damos por campos interminables de estambre deshilachado. Yo no sé qué haría si un día decidieras no regresar. Los libros, empolvados y a veces ausentes, ya ni siquiera se asombran de mí y de mis pasos sobre los mismos a cada vuelta que le invento al atrapasueños, le quito telarañas y le espanto moscas, pero siempre retoma esa posición indiferente y hay tardes, como esta, que me pregunto si en realidad los atrapa o si los sueños, viejos canijos que son, lo esquivan diciéndole que el foco es el sol y corren por las paredes que no dejan de suspirar, de parecer excitadas, desinhibidas y que a veces, hasta cambian de lugar. En la distancia, su voz y sus lágrimas, y aquí dentro, un corazón hecho trizas, cobijado por las mismas manos que hoy le curan las alas, esperando que pase la tormenta y que esta balsa deje de zozobrar, abrazándose, en la distancia, con la historia simple que soñó, con la historia simple de otro corazón que también lo imaginó.

jueves, agosto 8

La Cuestión

Dicen que la vida ocurre como un chorro de agua, de una llave sin fuente que todo lo da, te escurres por el mundo y vas por donde te lleve la corriente, aunque ocurre que el agua es caprichoso como uno mismo y nos desviamos por donde nos dicta la otra parte del cuerpo, el alma, o el corazón. Me dice un amigo que él cree firmemente que el amor no se siente en el pecho, así como románticamente se cree, más bien opina que el amor existe dentro de alguna pequeña cavidad en el estómago, y debe serlo, porque cuando vez a quien te gusta sientes cosquillitas, ¿dónde?, en la panza, cuando estás triste, te doblas como letra "C" y así arqueado vas por la vida con el estómago y el amor dolidos.

El día jueves desperté con un dolorcillo en la panza, o en algún lado de la panza chelera, y me extrañó esa punzada pero como siempre suele suceder, seguí como si nada, ya de noche, volví a sentirlo y el viernes me recordó que seguía ahí convirtiéndome en feto de 38 años a la orilla de mi cama, y ahí se quedó casi todo el fin de semana. Hoy domingo mejoró pero dicen los doctores que no es mi "adiós mundo cruel" ni mi "hasta luego vida bonita", es más bien la serie de trastornos alimenticios que me agradan y que empiezan a hacer estragos.

¿No será que me duele de tanto amor doctor? ¡Uy joven!, no, el amor se siente más arriba, mira, tosa, ¡coff coff!, no sentí nada, - ni yo, dijo el doc, usted trae el amor por todos lados. Salí de ahí pensando que imaginé el último comentario del hombre de la bata blanca y llegué a mi casa a anunciar que aún no muero, y que necesito más música antes de ser agua que se escurre, prefiero ser agua pero que sube lento por unas piernas, o ronda una espalda o repta un cuello sabor sudor, eso me agrada más. Por lo pronto, entonces, hay que sustituír cerveza por wisky, bocaditos por comida, frituras por ensalada y gaseosas por agua del mejor sabor, me pregunto si en internet no venderán alguna especie de estómagos o tripas de juguete para poder comer lo que sea y andar llenándome la boca de lo que tenga a mi alcance; no, no se malentienda, no soy el clásico comelón, eso lo dejo a otros, pero ahora, no todo lo que se antoje, podrá morir plácidamente con mis ácidos.

Me quedo con la duda del asunto este en la panza, trastorno o amor, ¡uy, ambas cosas!, si el amor no fuera un trastorno entonces lo buscaríamos más, pero es cierto, aunque lo busques, no llega, nomás de repente, alguien te lo contagia, y nada puedes hacer, ni ir al doctor te salva de los dolorcillos que recorren tripa, panza y corazón, entonces, no queda más que aprender a tomarse las pastillas, y esperar, erguido aún, a que pase el dolor, o mejor, a que el dolor se convierta en una aguda sensación de aún sentirte vivo.

viernes, agosto 2

Ojos sabor a sal

Ya sabes tú como son este tipo de cosas, los pensamientos repentinos, quiero decir, y la urgencia de escribir cuando no te asomas a mi ventana. De repente extrañarte se vuelve una sensación extraña en la piel, que reclama tu ausencia, reclama la sensación de gritar con todas sus fuerzas las ganas por ser besada otra vez. Y cuando asomo a la calle, le doy forma a las nubes de tu silueta, ahí sin dudas y diciéndome que todo seguirá siendo mucho más que un sueño, asegurándome, y yo extrañado, que lo que sientes es lo mismo que yo. Pero uno tiene sus manías y a veces estas se escapan para hacer un festín; recorren la memoria, los ojos y los dedos que débiles, escriben que se han enamorado como nunca, que se han enamorado por primera vez de una sensación desconocida, porqué es cierto, nada que venga en los viejos libros de la conciencia y nada que reconozcan las antiguas heridas en la piel, las cicatrices de ganas perdidas y amores ausentes, todavía remojados en sueños hechos papel, inertes ante las nuevas luces que asoman por el vecindario, y estos labios, atónitos, simplemente se inundan de ganas para juguetear con los tuyos y a manera de complot le avisa al estómago que se ponga cursi, que interrumpa el momento y despierte al corazón que late apresurado regalando sangre nueva a este zombie. Y era así, como de repente, me perdía en tus ojos para decir que te quería y dejaba de lado la pasión, los sudores, los gritos. De repente me hallaba acariciándote despacio y nomás, mirándome para siempre en unos ojos en los que no había estado nunca, y que hoy, se llenan también de mí y no saben zozobrar ni con las tormentas que azotaban afuera de aquel cuartito a esta ciudad, y sus subidas, y sus bajadas, y sus barrancas quedaban quietas mientras nosotros nos perdíamos en besos, mientras nos encontrábamos para descifrarnos los tatuajes en la piel, a manera de dedos locos jugando carreritas de amor. Ya sabes cómo son este tipo de cosas. Es de madrugada y me asomo de mi escaparate imaginando que te veo venir, calle arriba, despacio con aquella falda y descalza como si nadaras por mi espalda, y los dos, que no sabemos dormir de día, extrañados disfrutamos buscando donde desayunar cuando todos los demás siguen ausentes de este sueño, de esta extraña droga que me ha vuelto un adicto a ti, de los pasos que vienen marchando delante de nosotros y dibujan nuestras figuras a un futuro que de plano, cada tarde, nos atrevemos a imaginar. Todos los dibujos que coloreen nuestras ganas, las risas que nos arrebatemos compartiendo el mismo insomnio, son la esencia que se cuelga de mi cuello cada mañana. Aunque a veces, insisto, te repito varias veces y lo demuestro de distintas formas que me he enamorado de ti, tengo muchas ganas de tomarte por la cintura y llevarte a aquellos viejos puertos donde los Elfos se trepan a naves blancas de mar, y se largan para siempre de este mundo donde la gente ya no sueña, y los sueños, empolvados y en cajitas, se han cansado de esperar.

lunes, julio 8

Aún te recuerdo

Este dolorcillo,
en la panza,
quisiera que acabara de explotarme,
quisiera que me matara de una vez.

Hay días así, desde que te levantas, recuerdas el aroma de una noche… suspiras… bajas el pie derecho y recuerdas sus labios…. y suspiras… te pones los zapatos negros y recuerdas sus pies, su cuerpo de ángel con la risa que te hacía temblar…. suspiras… te pones la camisa porque ya se hace tarde, pero piensas en su cabello largo y negro… echas la espalda atrás y le das otro minuto al pensamiento aquel… suspiras… y al fin te pones de pie, hay que ponerse el pantalón, y de reojo miras su espalda y sus lunares, e imaginas esa sensación de su beso tibio que no te dejo dormir… recuerdas la sensación de medio segundo en que la somnolencia se esfumó y aunque querías voltear y regresar los besos, con ganas de dejar que aquel beso durara más, hasta donde quisiera antes de volver y enredarla con tus brazos… suspiras… ya te vestiste y te miras al espejo, solo, con tu nuevo corte de cabello, y pensando en cómo se veía aquella vez en el cine, su risa primera, sus ojos vistos por primera vez, el primer beso que nadie sabe quién lo dio… suspiras y piensas que ahí ya estabas enamorado, darías la vida por ese momento otra vez, por vivir otra vez los meses que se van volando… andas al trabajo y prendes la música, y suenan voces que te unieron a su perfume bajo el cielo de un sol quemante... suspiras... por que el cielo se ve igual hoy, pero sin la sombra de ella al lado, diminuta, leve y perfecta dibujando su cintura en aquella banca de aquella plaza en donde nos gustaba conversar, en su andar sencillo y los labios rojos porque si, por que esperaban que los volvieras a besar… otro suspiro mientras una punzada te ataca el lado izquierdo del abdomen… el ombligo se ríe y las piernas piden a gritos un recuerdo también para ellas… claro... suspiras… y piensas en todas las caminatas que tuvimos juntos, riéndonos y cantando canciones desafinadas… el temblor y la emoción de ser besado por una diosa que huyó del mar… el suspiro que sigue se acompaña de los ojos cerrados… se detiene el tiempo, el mundo deja de girar y te elevas al momento aquel cuando la conociste por primera vez, cuando la viste bailar y la luz del local la hacía ver más hermosa… un suspiro interrumpe la imagen… el dolor en el estómago dice que despiertes… el recuerdo flota sin vacilar encima de todo el resto, y te abrazas al vacío en medio camino, buscas su olor, sus besos bajo la luz roja del semáforo, y te quedas parado y vacilante, suspirante y frenético, en pausa, en víspera de un suspiro más que te regrese en el tiempo, e hincado, retomes los segundos antes de olvidarlo todo y seguir adelante.



Este dolorcillo,
en la panza,
quisiera que acabara de explotarme,
quisiera que explotara en forma de tu boca,
quisiera que explotara para siempre este corazón.

viernes, junio 21

Hoy casi todo ha salido mal

Me fui de paseo sentado en una pequeña hoja, con el viento llevándome de lado a veces y a veces rozando los techos de las casas altas de la ciudad, es curioso ir viendo la cáscara del mundo de arriba hacia abajo, ver que la vida cambia de maneras que uno quisiera no haber imaginado, que los ojos se empeñan por necios y que las paredes se cierran al paso de el más leve suspiro de la luz.

Todo ha cambiado, todo se ha ido, todo ya no es. Tengo la sensación de estar en una pesadilla extraña, donde el amor de mi vida me cierra la puerta y donde las caras y voces que más extraño son ruidos al final de una escalera que me observa caer y caer y lo único que acierta a decir es: cuidado, faltan varios escalones más...

Tuve una visita que me alegra el día, blanca espuma, risa de sol: gracias.

martes, mayo 28

Princesa I

Había una vez un yo que suspiraba con tardes de lluvia y le gustaba ver principios de películas, solo el principio si, la única vez que aquel yo intentó un romántico final de película en la vida real, se halló corriendo solo bajo la lluvia de sus lágrimas, confundido con la noche y con una puerta (y un corazón) que se le habían cerrado para siempre; era, sin embargo, el final de la primera parte, el de la segunda fue peor. Había una vez un yo que le platicaba al gato sus tristezas, que renegaba de lo largo de un blues y que bailaba un vals con las losetas del baño cada que se dejaban acariciar por sus pies, y que muy de mañana, le soplaba a las nubes en la ventana para dibujarse la mañana ideal, aunque, casi siempre, el vidrio evitaba el contacto con seres de algodón. Había una vez un yo que un día se asomó a unas escaleras por donde una princesa caminaba con una sombrillita de colores, iba y venía y se sentaba a esperar, siempre a esperar y el mundo que era blanco y negro le robaba los colores, y a la princesa, le llovía debajo del paraguas, y al yo, los pies lo llevaban a asomarse por las escaleras y esperar, a ver, sin saber, que por ahí, pasaban aquellas alitas rotas que regaban luz por todas partes, hasta que un día, con una sonrisa, el yo se hizo ayer, y aparecí yo, vestido de hoy, aprendiendo que la vida si es a veces de color de rosa, sobre todo, cuando un pueblo quieto-quieto deja escapar a una princesa triste-triste, que se asoma a la ventana que ella dibujó, y con sus alas (aún rotas), abraza lo feo, lo tira lejos, y en su lugar, exige galletitas con leche, para volver, cualquier noche de estas, a estirar las manos y ponerse la sombrillita de lado, y curioso, que acá, desde entonces, haya dejado de arreciar el temporal.

viernes, mayo 24

El Gato

Hay un gato feo que me visita cada noche, pero nunca logro verle la cara, oigo sus pasos siempre que hay lluvia y la noche esta en silencio, camina por el techo, y lo imagino ahí mojado, vigilando la noche, con los bigotes escurridos, casi muerto de hambre pero determinado a no dejar que nadie más tome su lugar en el techo. Estoy seguro que siempre llega solo el gato feo, por que se le nota en los maullidos, llora con ganas de llorar, luego se deja caer, a ver las estrellas, y a imaginar figuras con sus uñas. Si pongo música se queda más rato el gato feo, aunque últimamente creo que le aburre el jazz, a mi también, por que cada vez lo pongo menos, y luego le subo al blues y lo escucho reír, mover la cola alegremente y disponerse a regresar a donde sea que viva, me doy cuenta que se va ya cuando brinca al patio del vecino, luego, se enfila a la barranca y ya no lo escucho, pero a veces, sus maullidos siguen y siguen casi hasta que amanece, ronco, donde sea que pase el día, seguro se le va en dormir. Al rato viene el gato feo, seguro hoy maullará más fuerte, por que también yo traigo ganas de gritar, de reír, y de rasguñar la noche con estas ganas.

¿Qué como sé que el gato es feo? no lo sé, lo imagino, por que a veces, les digo, no para de llorar.