jueves, julio 16

Como una canción de cuna jamás cantada...

Solo se sentaba frente a esa puerta y sus ventanas donde alguna vez imaginó que ella volvería.
La luz seguía encendida.
Él ya no.

Durante mucho tiempo confundió esa luz con esperanza.
Ahora sabe que solo es una casa habitada por recuerdos que nunca aprendieron a mudarse de aquel sitio

había algo extraño en quedarse un rato más.
Siempre se quedaba un ratito más.

No porque creyera que ella iba a aparecer.
Sino porque aquella despedida necesitaba contemplarse en silencio
antes de aceptar que todo terminó hace mucho.

Creía que todo ese tiempo sentado frente a una puerta significaba amor. Que la paciencia era una forma de querer. Que quedarse era una prueba de lo mucho que ella le había importado.

No estaba esperando verla salir.
Estaba esperando que el dolor se cansara antes que él.

Esperaba que algún recuerdo dejara de perseguirlo, que alguna canción dejara de tener su nombre, que alguna noche pudiera pasar sin preguntarse qué habría pasado si las cosas hubieran sido distintas.

Mientras esperaba que todo eso ocurriera, la vida siguió avanzando sin pedirle permiso.

Las estaciones cambiaron.
Las personas cambiaron.
Incluso él sin darse cuenta, cambió.

Lo único que permanecía inmóvil era ese lugar donde había decidido sentarse para no aceptar que algunas puertas no vuelven a cruzarse jamás.

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