martes, marzo 10

Juguetes

En una pequeña caja de cartón, algo así como 30 carritos de plástico, de esos que son amarillos, rojos y azules, y los armas de varias maneras, los halle y juro que los había olvidado. Cuando muchos de mis amigos en la primaria tenían los juguetes más nuevos que anunciaba Lego, a mí me regalaron los de plastiquito. Empecé por sentirme triste y reclamar, pero luego, ya que no había otra opción que jugar con ellos, me inventé un nombre, una habilidad y una historia para cada uno de ellos, ya no los recuerdo, pero todos eran parte de un equipo élite de juguetes hechos en base a una aleación extraterrestre similar al plástico que conocemos, pero indestructible, y en cuya acción dependía la vida y seguridad de la raza humana... No sé cuánto jugué con ellos y esta historia, solo sé que los sigo guardando y se siguen salvando del olvido cada vez que de casualidad les quito el polvo y me divierto al menos un rato acordándome cómo fue que nunca tuve los mejores juguetes, ni los más nuevos ni los más caros, pero siempre fui el que se divirtió más de todos mis amigos. Yo no sé si valga la pena tirar este tipo de recuerdos, es cierto, ni por tener buena memoria nos acordamos de ellos, y de vez en cuando sirven para enseñarnos algunos valores olvidados. Yo sé que no he usado esta bitácora (blog) para este tipo de comentarios, pero hoy lo quise hacer, porque traigo tal cantidad de recuerdos en la piel y en los ojos y en las manos, que ando caminando con harto cuidado, con cierto miedo a tropezarme y dejarlos caer, me alimento de recuerdos porque sé que quitan el hambre, y por qué sé que no me los quiero dejar de comer. Era día de limpieza, pero no me avisaron que del alma.



siempre estaré contigo para lo que necesites y tú???
con ganas de caminar y hablar todo el camino... me acompañarías

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