lunes, febrero 16

Estampilla de girasol

Ella me vio y yo la mire de las zapatillas para arriba (ese gusto por los pies), y ella al revés, tan distinto me vio que hizo la cabeza como de lado para hallarme forma, los ojos y la piel del mismo color que yo, las manos con uñas cortadas a mordidas y los labios pintados con saliva, me agrada, ella dijo adiós y yo dije hola, creo que nos reconocimos en un sueño un par de días atrás, y unos años antes nomas se me quedaba viendo igual que ahora, pero sin hablar, y yo, la miraba de reojo espía y me reía cuando la veía jugar policías y ladrones en la calle, ella se rio y yo me puse de colores cuando me di cuenta que no me acordaba de su nombre, ella si del mío como siempre suele pasar (juannnnnn), ella iba al centro y yo sin rumbo, pensé dejarla pasar pero se subió pronto al carro, ella también pidió de chocolate, yo también quería ver esa película, ella tampoco quería regresar temprano, ella también escribe de lo sola que se siente últimamente, ella también piensa que mi música es digna de escuchar, ella dijo buenas noches y yo dije que duermas bien.

Mañana a ver como continúa ese ver, mirar, fijar, andar, reír, reencontrar... espero no estar escribiendo un sueño nomas.

sábado, febrero 14

Tu Cuerpo

Es tu culpa el antojo de cualquier hombre por recorrerte todita simulando pequeños pasos con las puntas de los dedos de la mano derecha, ya sabes, para reconocer de que se trata la sencillez de tu perfección, de tu sonrisa y de tus ojos cerrados soñando con el mar; ya luego viene todo aquel asunto de un par de lenguas que se pierden en distintos bosques, se trata de soñar, ¿sabes?, se trata de nada más reconquistar un cuerpo ceñido al cielo, a la noche que dibuja tu piel llena de estrellas, de relatarte una historia donde tus ojos son el poema con que empieza algún cuento, y cierto orgasmo, como salido de las hojas de algún libro de sol, es la pauta por la que suena aquella sinfonía de un antojo por ser un pedacito de tu piel, que baile y cante arrebatándole el lugar a otros, a todos, a ti...

lunes, febrero 9

Nubes

Tantas nubes espiando. Santísimas nubes machacando el cielo con sus pies deshuarachados y ardientes, caminantes, danzantes, delirantes, humeantes, amantes, locas las jodidas nubes. Y yo mirándolas de lado, de reojo como malmirando, no vaya a ser que se den cuenta y se volteen pa’cá, así me la paso mientras ellas siguen intercalando sus sombras con la luz que le roban al sol, para tragársela y rodarla por su garganta con un mal vino, añejado de histeria, desprovisto de toda razón como yo, que les miro, intrigado en mi desasosiego mientras le pido prestado un rayito para sesgarme el alma de un solo golpe, suicida, hago malabares con la vida hasta que los dedos recuerdan el contorno de su figura. Ahora caigo, destinado a serle infiel a la luna, soy un rayo en su luz, la mirada es ella, la impaciencia, la bolsita de miedos crispada de plata que se ha mochado las piernas para no correr del atardecer nunca más, y el que cae soy yo, y a la que dejo caer es ella, bolsa funesta, turrón olvidado de indecisiones y desvelos por cicatrices de cal. Hasta ahora todo bien, dicen los letreros, hay que disminuir la marcha, arrecia el fuego, y no hay hadas que le apaguen con los ojos antes de irnos a dormir. ¿Jugamos a los duendes amor? El corazón se me ha llenado de droga, mártir, impaciente, deslavado de ayeres, quiere ser pintado por ti y parecerse a un cuadro de Dalí donde el tiempo no pase, jardín de jarrones y flores, Van Gogh aluzándonos con una paleta de espejos, y nos vamos, si te parece, al campo de mares a vagabundear, a ser nosotros y cosecharnos un millón de orgasmos para cuando venga la sequía de cielos, si es que la hay, aunque digan lo contrario los ojos, y las cartas, echadas a la mesa, como postre para Dios, mirón, cabrón, juguetón. Tantas nubes espiando esta historia, carentes de piedras para lanzárselas al ombligo, desangrarse de oídos que trepen bardas amarillas de mentiras, miedos, y uno que otro pedazo de plastilina, con la forma amasada de un corazón.

lunes, enero 26

Nubes

Tantas nubes espiando. Santísimas nubes machacando el cielo con sus pies deshuarachados y ardientes, caminantes, danzantes, delirantes, humeantes, amantes, locas las jodidas nubes. Y yo mirándolas de lado, de reojo como malmirando, no vaya a ser que se den cuenta y se volteen pa’cá, así me la paso mientras ellas siguen intercalando sus sombras con la luz que le roban al sol, para tragársela y rodarla por su garganta con un mal vino, añejado de histeria, desprovisto de toda razón como yo, que les miro, intrigado en mi desasosiego mientras le pido prestado un rayito para sesgarme el alma de un solo golpe, suicida, hago malabares con la vida hasta que los dedos recuerdan el contorno de su figura. Ahora caigo, destinado a serle infiel a la luna, soy un rayo en su luz, la mirada es ella, la impaciencia, la bolsita de miedos crispada de plata que se ha mochado las piernas para no correr del atardecer nunca más, y el que cae soy yo, y a la que dejo caer es ella, bolsa funesta, turrón olvidado de indecisiones y desvelos por cicatrices de cal. Hasta ahora todo bien, dicen los letreros, hay que disminuir la marcha, arrecia el fuego, y no hay hadas que le apaguen con los ojos antes de irnos a dormir. ¿Jugamos a los duendes amor? El corazón se me ha llenado de droga, mártir, impaciente, deslavado de ayeres, quiere ser pintado por ti y parecerse a un cuadro de Dalí donde el tiempo no pase, jardín de jarrones y flores, Van Gogh aluzándonos con una paleta de espejos, y nos vamos, si te parece, al campo de mares a vagabundear, a ser nosotros y cosecharnos un millón de orgasmos para cuando venga la sequía de cielos, si es que la hay, aunque digan lo contrario los ojos, y las cartas, echadas a la mesa, como postre para Dios, mirón, cabrón, juguetón. Tantas nubes espiando esta historia, carentes de piedras para lanzárselas al ombligo, desangrarse de oídos que trepen bardas amarillas de mentiras, miedos, y uno que otro pedazo de plastilina, con la forma amasada de un corazón.

martes, enero 20

Mira vee!!!

Cuando el corazón se hincha, ya no sabe uno donde guardarse tanto sentimiento, todos los cables se cruzan y en alguna pequeña vena de nuestro interior hacen junta vecinal las ganas, las ansias, el extrañar, el amar, la decepción, la ilusión, los miedos, los traumas, los nervios, las sonrisas del alma y cierto par de besos que se colaron para dejar sabor a miel en las costuras de la piel. En la junta todo es risas y luego llantos, luego alguien se deprime y luego alguien estalla en un baile con un par de neuronas que se colaron a la reunión. Son tantas cosas batidas adentro que el cuerpo se mueve de manera extraña, todo sabe distinto y todas las dudas se vuelven una para no dejar dormir en paz. De mañana, la boca vuelve a esbozar sonrisas y las manos se vuelven a quejar de extrañar dedos ajenos y sudores de alguien más, los pies se mueven a donde el cerebro les dice pero esperan el descanso mientras que las piernas les chismean de ciertos mordiscos que planean recibir, la cadera sigue ansiosa y el alma sigue con sus miedos, el corazón, late más fuerte, convoca a más reuniones, y en cada latido anuncia que la reunión es de fiesta, y que hay que ir preparados con ropa para bailar.

miércoles, enero 14

El sueño de la cigarra vespertina

En los senderos del bosque sin pisar, no suenan campanas.
Mis ojos ven las voces dormidas del bosque.
Al atardecer, en la cresta, cantan las cigarras.
En mi corazón, flota un dios vacío.

Rumores de los cipreses que habitan en las colinas brumosas.
Donde cantan las cigarras.
Al atardecer, los dioses susurran.
Un cuento de hadas que escuché una vez.

Mientras la luz de la luna perfuma el aire, 
el sonido de las campanas comienza a resonar. 
Tu sombra vacía flota en el valle abajo.

Contemplando esa figura que se aleja.
Devorando los rastros persistentes de aquellos días.
En mi sueño, tú sonríes.
¿Recuerdas el cuento de hadas?.

jueves, enero 8

D´ noche

Lo más curioso de los jueves es la habilidad de ciertas gentes para saltar codiciosamente charcos de sol. Así se van siguiéndose unos a otros por las orillas de las casas, cobijándose en la sombra de los pocos edificios, como huyendo de un desayuno fugaz donde los devore la luz. Aunque hay algunos que se pierden por las rendijas de ciertas puertas, sin querer, cuando se recargan unos segundos de más, y no se les vuelve a ver. Quien sabe que será de ellos, cuando no lleguen a su oficina y cuando nunca vuelvan a tomar café. ¿Alguien lo notará? Una mano menos haciéndole la parada a la ruta y un par de pies ausentes cuando la luz verde del semáforo indique el momento de acelerar. Pero nadie, nadie que se asuste por esa breve ausencia en la ciudad. Y es que hoy de mañana me tocó observar desde primera fila la primera danza del día, el aroma a café y marraquetas en la pastelería, las peleas en las esquinas por ganarse un lugar en el tráfico, los gritos de lluvia en el viento, las turbias noticias que manchan de sangre al sol, y nada, ni nadie, que se detenga un instante a amarrarse el alma para no olvidarse jamás, ni llorar, ni desmerecer un toque, un instante de fe donde parece que ya no venden ni sueños para llevar. Llegar y ver que el rojo invadió todas las banquetas me vuelve a retorcer el estómago, los muy jodidos, habrá que treparse a las paredes hasta para caminar, para comer habitas si hay fiado y patrullas panzonas rondando por más, papeles regados y una marcha extraordinaria de ángeles de la guarda que exigen menos gente a la cual cuidar, no se vale, hay que rezarle a los gatos, a las bardas, a las flores, al sexo, a las manos cuando se entrelazan de dos, a la sencilla razón para levantarse en miércoles y no caer, sino andar, volar si es preciso, y empezar otra vez.